Entregan control de primera provincia sunita


Las fuerzas estadounidenses entregaron hoy a las autoridades iraquí­es el control de la seguridad de la provincia sunita de Al Anbar, otrora bastión de la revuelta contra la invasión liderada por Washington en 2003 para derrocar a Saddam Hussein.


«Se ha hecho el traspaso» de la seguridad, afirmó el consejero iraquí­ de seguridad nacional, Muaffak al Rubaie, durante la ceremonia en Ramadi, capital de la provincia.

El acto empezó con la lectura del Corán, en el primer dí­a del Ramadán, el mes de ayuno musulmán.

«La provincia de Al Anbar, que fue la región más difí­cil del paí­s, celebra hoy la transferencia de la seguridad», añadió Rubaie en el modesto acto celebrado en la sede de la gobernación, en cuya entrada flameaban las banderas de las tribus de Al Anbar y de Irak.

«Cuanto mejor entrenadas y equipadas estén nuestras fuerzas, menos necesitaremos a las fuerzas de la coalición. Las fuerzas iraquí­es están más preparadas para hacer el trabajo», subrayó Rubaie en representación del gobierno iraquí­.

Los estadounidenses ofrecieron al ejército iraquí­ un puñal envuelto en una bandera estadounidense y luego el comandante de los marines de Al Anbar y el gobernador de la provincia firmaron el documento de traspaso del control de la provincia.

No obstante, los militares estadounidenses subrayaron que la guerra contra los seguidores de Osama Bin Laden no ha terminado.

«Es una nueva conquista del Irak democrático. Demuestra la aptitud de las fuerzas iraquí­es. Al Qaida no ha sido totalmente derrotada y (estoy seguro) de que, con las fuerzas iraquí­es, impediremos el regreso de Al Qaida y de los otros insurgentes», afirmó el general Lloyd Austin, «número dos» de las fuerzas estadounidenses en Irak.

Desde Washington, el presidente estadounidense George W. Bush saludó el traspaso del control de esta provincia sunita, afirmando que «Anbar ya no está librada a Al Qaida. Es Al Qaida la que ha perdido a Anbar».

«Anbar fue transformada y reconquistada por el pueblo iraquí­. Por este éxito merecen crédito nuestras tropas y las fuerzas de seguridad iraquí­es, así­ como valientes tribus y otros civiles de Anbar que trabajaron a su lado», afirmó Bush.

Decenas de miles de soldados y policí­as iraquí­es y de marines estadounidenses estaban en estado de alerta en esta región desértica. En Ramadi estaba prohibida la circulación vehicular para evitar atentados suicida.

Al Anbar es la undécima de las 18 provincias iraquí­es -pero la primera sunita- restituida por las fuerzas estadounidenses al control de las fuerzas nacionales desde julio de 2006.

Cumplida la transferencia, las fuerzas estadounidenses estarán acantonadas en sus bases y participarán en operaciones si el gobernador se los pide.

Los sunitas de Al Anbar fueron los primeros en oponerse a los estadounidenses tras el derrocamiento de Saddam Hussein. En los primeros años de la invasión, la mayor provincia del paí­s fue un verdadero campo de batalla, sobre todo Ramadi y sobre todo Faluya, donde el ejército estadounidense tardó dos años en controlar la situación.

En esta provincia limí­trofe con Siria, Jordania y Arabia Saudita, 1.306 soldados estadounidenses cayeron desde 2003, un tercio del total de sus muertos en Irak. Pero también murieron unos 6.000 iraquí­es, según la organización independiente con sede en Londres, Iraq Body Count (IBC).

También en este territorio de 138.000 Km2, un tercio de Irak, se improvisaron las primeras bombas de fabricación casera que causaron más del 40% de las muertes estadounidenses entre 2003 y 2006.

La violencia empezó a disminuir cuando los jefes de las tribus, hartos de los atentados de Al Qaida y alentados por los estadouhidenses, se rebelaron en septiembre de 2006 contra los yihadistas.

Entonces formaron los grupos de Sahwa (Despertar) que combatieron a los seguidores de Bin Laden, y un año después, la provincia se convirtió en una de las más tranquilas de Irak.

«En el futuro, también necesitaremos de ellos», dijo Rubaie.

La mayorí­a de los Sahwa de Al Anbar integran la policí­a local, formada por 24.000 efectivos.

Actualmente en la provincia están presentes 28.000 militares estadounidenses contra 37.000 en febrero pasado y 37.000 miembros de las fuerzas de seguridad iraquí­es contra 5.000 hace tres años, según el ejército de Estados Unidos.