El diagnóstico situacional en que nos encontramos resume una tensión rayana en crisis nerviosa. Y como si fuera poco gana espacios con rapidez y holgura la depresión política, causa del hundimiento cívico. En ese estado de cosas avanzan los días y semanas muy cerca del evento electoral.
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Justa razón asiste al electorado en potencia, activo e indeciso de experimentar diversas sensaciones confusas en su mayoría. No existe claridad, ni hay credibilidad en los planes y programas que difunden sobre todo los presidenciables que colmarán la papeleta durante los comicios.
Un simple vistazo basta para percibir cómo la población se debate en medio de serias problemáticas día a día, sin solución alguna. En eso radican nuestras amargas realidades. Por mucho que se argumenten criterios optimistas resulta imposible cerrar los ojos y pretender un panorama diferente.
De índole diversa en cuya sumatoria aparece siempre la crisis se encuentran casos y cosas evidentes, reflejo coyuntural de tantas limitaciones. Andamos muy mal en aspectos económico-sociales, prolifera el fantasma de la inseguridad, junto a situaciones ejecutadas por el crimen organizado.
La impunidad, origen del malestar colectivo sigue en sus trece. Por lo tanto se multiplican los ilícitos sin que quepa duda. La justicia brilla por su ausencia, además, prosigue el tortuguismo, inconveniente que sale a luz cuando la Policía Nacional Civil detiene a presuntos delincuentes y al ser consignados a los tribunales son liberados por falta de pruebas.
Sin embargo, a cada momento en ocasión de la campaña electoral, de parte de los candidatos presidenciables, estos caen en el papel de magos al prometer soluciones completas. Todo viene a ser algo semejante a que tendrán la varita mágica con la cual de la noche a la mañana actuarán con éxito rotundo.
Un simple análisis entre nuestras realidades y las promesas nos deja a las claras el hecho que lo segundo constituye un factor en definitiva de proponer planes y programas que distan bastante en su ejecución. La euforia del momento hace posible dicho accionar incierto tras el voto ciudadano ansiosamente.
Con sólo dos dedos de frente es factible constatar la diferencia abismal existente entre el mundo de problemas que nos abaten actualmente, basados en realidades enormes. Y, asimismo, las propuestas de los referidos candidatos entre un encandilamiento ajeno a tener los pies sobre la tierra de verdad.