Entre presión y apertura



La doble estrategia de la Unión Europea en sus relaciones comerciales con China quedó en evidencia esta semana, con el anuncio de la reapartura de las importaciones textiles chinas, por un lado, y la presión para un reacomodamiento del yuan para dar aire a sus exportaciones, por el otro.

La polí­tica comercial de los europeos de cara a China sigue siendo ambivalente y oscila entre la firmeza y la conciliación, a partir de los intereses en juego con la segunda potencia asiática y las divergencias entre los Estados miembros del bloque sobre la conducta a adoptar.

En materia de tasas cambiarias, los paí­ses de la Eurozona optaron por la primera actitud, tras haber dudado durante mucho tiempo en sumarse a la cruzada de Estados Unidos contra la debilidad del yuan.

Reunidos en Luxemburgo, los ministros europeos de Finanzas anunciaron el lunes que una troika de responsables económicos de bloque efectuará una visita a Pekí­n antes de fin de año para discutir la cuestión del euro fuerte y sus consecuencias en el comercio bilateral.

China es acusada en forma regular de mantener su moneda a un nivel artificialmente bajo para sostener sus exportaciones y crecimiento económico, lo que indirectamente impulsa la apreciación del euro y perjudica a los industriales y productores europeos.

Para corregir esta situacion, «China y otras economí­as emergentes deberí­an introducir más flexibilidad en su gestión de las tasas cambiarias», dijo el comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Joaquí­n Almunia, aunque Pekí­n ya dejó entender que no admitirá intromisiones en su polí­tica cambiaria.

Si por el lado de las tasas cambiarias se impone la firmeza, en otras cuestiones comerciales muy sensiles, como las importaciones de textiles chinos a la UE, es la conciliación la que prevalece.

Según anunció la Comisión Europea el pasado martes, la UE dejará sin efecto a partir del 1 de enero de 2008 el sistema de cuotas de importación para los textiles chinos actualmente en vigencia y que llega a su fin en esa fecha.

A cambio, la UE y China instaurarán en 2008 «un sistema conjunto de vigilancia de las importaciones que operará durante un año», y que podrí­a permitir medidas de salvaguarda en caso de una nueva invasión de textiles chinos, como ocurrió en 2005 cuando se abrió por primera vez el mercado europeo.

El comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, subrayó que el mecanismo de vigilancia tiene como objetivo «permitir una transición controlada hacia la liberalización de los productos textiles» prevista a partir de 2009 por la OMC (Organización Mundial del Comercio).

Pero en realidad, el sistema es un compromiso entre la posición de los paí­ses europeos «duros» y los más liberales, teniendo en cuenta que China «nunca habrí­a aceptado» una prolongación de las restricciones, como afirmó un portavoz de la Comisión Europea.

Entre los miembros a favor del sistema de vigilancia se encontraban los principales productores europeos de textiles: Italia, España y Francia. En cambio, los liberales (paí­ses escandinavos, Holanda) querí­an una apertura total del mercado a partir de 2008.

Queda por ver cómo funcionará el mecanismo ante la impresionante maquinaria del primer exportador mundial de textiles con una parte de 20% del mercado, que durante la primera apertura de la UE entre enero y junio de 2005 habí­a aumentado en 47% sus ventas en Europa para gran disgusto de los indutriales italianos, franceses y españoles.