Entre mitos y realidades


«Así­ es la vida de los pueblos, amarga y dulce, pero su lucha lo resuelve todo humanamente. Por ello, patria, van a nacerte madrugadas, cuando el hombre revise luminosamente su pasado.»

Otto René Castillo

Ricardo Marroquin
rmarroquin@lahora.com.gt

En reiteradas ocasiones se ha afirmado que el conocimiento de la historia y la comprensión del pasado son bases fundamentales para asumir el presente y mejorar la realidad. Sin embargo, en Guatemala, seguimos empecinados con la celebración de un mito.

El domingo pasado, miles de estudiantes salieron a las calles con tambores, trompetas, bombos y guerreras para celebrar el 186 aniversario de la Independencia patria. De acuerdo con la historia que se aprende dentro de las aulas, el 15 de Septiembre marca el triunfo de un grupo de hombres y una mujer, que colmados de valentí­a, alcanzaron liberarnos del yugo español.

Decenas de años después seguimos celebrando un triunfo que no nos corresponde y que marca la construcción de un paí­s a partir de la desigualdad y de la exclusión.

Poco se habla de los motivos polí­ticos y económicos que originaron el proceso de independencia. La verdadera razón no se encuentra en la ansiada libertad y autodeterminación del pueblo, sino en la necesidad criolla de acabar con los tributos de la corona y de expandir el mercado que se encontraba limitado por España.

La estructura colonial, en donde los pueblos indí­genas fueron prácticamente esclavizados, no presentó ninguna modificación.

«El estudio de la colonia pone de manifiesto, ante todo, que no se trata meramente de una época de nuestra historia, un tiempo pretérito en que ocurrieron ciertos hechos por eso llamados coloniales. No. La colonia fue la formación y consolidación de una estructura social que no ha sido revolucionada todaví­a, y a la que pertenecemos en muy considerable medida. Basta salir un poco de la hipertrófica ciudad capital de Guatemala, para ver la colonia en todas partes. La realidad colonial es nuestra realidad más honda», escribió Severo Martí­nez Peláez en su libro «La patria del criollo».

La educación, recurso más importante de la clase dominante para la reproducción del sistema, está diseñada para que honremos a sus benefactores y para ignorar las causas de las injusticias económicas, sociales y polí­ticas en nuestro paí­s.

En la actualidad, la historia de Guatemala termina con el «triunfo» de la contrarrevolución liderada por Carlos Castillo Armas. Los 250 mil muertos que dejó el conflicto armado interno, según la Comisión de Esclarecimiento Histórico, siguen siendo fantasmas inventados. Al igual que las causas que han generado la pobreza en la mayorí­a de la población.

Acomodados en la aceptación de un mito jamás podremos avanzar como nación. Es cierto, en la historia de nuestro paí­s tenemos pocas cosas que celebrar. Pero es mejor asumir un verdadero pasado para construir de una vez por todas una Guatemala en donde cada habitante tenga garantizado su desarrollo como persona.