No voy a escribir algo de lo que usted no esté enterado. Me refiero a los aún supuestos proyectos de seguridad pública que desde que tomó posesión el presidente ílvaro Colom  ha estado anunciando reiteradamente, pero no hay modo que se pongan en marcha, mientras el crimen organizado no se detiene y decenas de miles de pequeños empresarios se encuentran en total desamparo ante la plaga de extorsionadores que los tienen angustiados.
eduardo@villatoro.com
No estoy muy seguro, pero creo que ya han transcurrido tres semanas desde que el ministro Salvador Gándara asumió uno de los cargos más importantes del  Estado, habiendo despertado cierta dosis de expectativa optimista entre los guatemaltecos, en la creencia que se requería en ese despacho de un hombre de acción; pero hasta el momento ignoramos cuándo va a poner en práctica sus proyectados planes encaminados a brindar seguridad a la población.
Entre tanto, mi amigo Carlos, quien desde hace muchos años instaló su barbería en un centro comercial cercano a la colonia donde vivo, de repente abandonó su pequeño negocio ante las intimidaciones de integrantes de una mara que lo amenazaron de muerte si no pagaba la extorsión mensual que le exigían. Yo me quedé sin barbero y Carlos huyó del sitio donde durante lustros se ganó honradamente el alimento de su familia, como si él fuera el delincuente.
  Raúl y Hortencia, amigos nuestros que con base a sacrificios lograron colocar una pequeña ferretería a inmediaciones del bulevar El Naranjo, no soportaron las constantes amenazas de otros extorsionistas, y se vieron forzados a cerrar su pequeña empresa para salvar sus vidas.
Fernando, otro amigo mío, me preguntaba hace poco si yo sabía de alguna institución que estuviera interesada en contratar a una persona como él, estudiante universitario y con conocimientos en determinadas disciplinas, porque  se encontraba exhausto por falta de sueño y apetito, provocados por las soeces intimidaciones de parte de sujetos desconocidos que lo estaban extorsionando en su pequeña empresa.
  Podría abundar en muchos casos más, cuyas víctimas son personas honradas, trabajadoras, responsables y dedicadas a sus pequeños negocios que ya no saben qué hacer para poder sobrevivir con un poco de tranquilidad, porque se ven obligadas a pagar extorsiones, menguando sus presupuestos familiares.
  Además, no es un fenómeno que se reduce a propietarios de pequeñas y medianas empresas, sino que abarca a familias que dependen del exiguo salario del esposo, y que se ha extendido a todo el territorio nacional, ante la impotencia del Estado de brindar seguridad a los habitantes de este agobiado país.
¿Qué se puede esperar de usted, ministro Gándara?  Deje a los maridos y padres de familia -y las propias mujeres- determinar el largo de faldas y escotes de sus esposas e hijas, y concentre sus esfuerzos en establecer planes para combatir la criminalidad.
  (El ochentón Romualdo Tishudo, viendo pasar a una guapa muchacha ligera de ropa, le dice a su anciano amigo Daniel: -Tengo la esperanza de mirar el día en que se juntará la falda con el escote).