Desde hace meses decidí rendirme y dispuse no volver a publicar artículos referentes al cambio climático, ante la marcada indiferencia de mis contados lectores; por el evidente desprecio de autoridades de todas las escalas burocráticas e instancias institucionales, y el irrespeto a la naturaleza del común de los guatemaltecos, aunado a inveteradas costumbres de contribuir a deteriorar el ambiente de su entorno social.
Sin embargo, pese a esa posición derrotista de mi parte, he recapacitado relativamente con la ligera confianza de que con unos cuantos de mis pocos lectores tomen conciencia de las consecuencias del calentamiento global, sobre todo en la vida de nuestros nietos y demás descendencia, es posible sembrar la semilla que rinda sus frutos en niños y adolescentes, puesto que las actuales generaciones ya no tienen remedio y se irán a la tumba con su imprudente conducta a su contorno ambiental.
Además, quien quita que los días y semanas precedentes con gélidas temperaturas que provocaron penetrante frío en millones de compatriotas, especialmente del Altiplano Occidental, al extremo de que nevó en los bellos parajes de Cotzic, San Marcos (la cumbre más elevada de Centroamérica) y que también provocó que los habitantes de la capital y municipios cercanos se abrigaran más para protegerse del helado clima, pueda hacerlos ponderar acerca de lo que nos espera en un futuro a mediano plazo o largo alcance, si no asumimos posturas individuales y colectivas para coadyuvar a frenar el casi irremediable cambio climático, sobre todo porque está por iniciarse la época del calor, común en esta época del año; pero que de aquí en adelante las oleadas cálidas serán tan ardientes que muevan a reflexionar acerca de lo que nos depara el futuro
Por supuesto que la iniciativa de prever los efectos del calentamiento global deberían de emanar en el seno del Estado, especialmente del Ministerio del Ambiente; pero sus funcionarios están más preocupados de rellenar sus alforjas que en trazar estrategias que permitan atenuar la vulnerabilidad de Guatemala ante ese fenómeno mundial, y de ahí que el llamamiento lo dirijo a las organizaciones ambientalistas no gubernamentales, pero no abigarradas de ecologistas de escritorio, sino aquéllas que en realidad están comprometidas con sus enunciados y con el definido propósito de cumplir con sus funciones en beneficio del país.
Un reciente despacho de la agencia Tierraméica advierte que el recalentamiento de la Tierra provocado por las actividades humanas es una realidad indiscutible que se aceleró desde 1970, con temperaturas cada vez más altas, y según nuevos análisis científicos el 2012 hasido hasta ahora el noveno año más cálido desde 1880; con el riesgo inminente de que se incremente en períodos anuales.
El sociólogo alemán Harald Welter, citado por la mencionada agencia noticiosa, precisa que desde hace tiempo la sociedad consumista, resultado del modelo neoliberal, nos está conduciendo a un atolladero, y los datos del recalentamiento global señalan que el cambio climático está ligado directamente al excesivo consumismo que asfixia a la humanidad.
Por su parte, el científico Gavin Schmidt señala que cada década es más caliente que la anterior, porque el planeta se está recalentando a causa de que cada vez estamos emitiendo más dióxido de carbono a la atmósfera, aunque algunas estaciones, como la que no termina de finalizar en Guatemala y persiste en otras regiones del mundo, son más frías que las anteriores.
El cambio climático no es un asunto del futuro lejano, porque sus primeros impactos ya están ocurriendo, sino que es un problema actual y una realidad presente que nos incumbe a todos.
(Romualdo Tishudo le grita de la ventana de su casa un amigo:-¿Hay frío en la calle? -No sé, porque estoy en la acera).