Creemos que tanto el gobierno, especialmente el Ministro de Gobernación, como los medios, cometimos un grueso error luego de la captura del delincuente Axel Danilo Ramírez Espinoza, conocido como «El Smiley», puesto que al final de cuentas se le colocó en una posición que, por la naturaleza de las maras y la forma en que operan, se convierte en un ejemplo a seguir por muchos de quienes se enrolan en esas pandillas criminales.
Obviamente la captura de un criminal como éste, que se vanagloria por las muertes que ha provocado, es importante y constituye una noticia, pero la presencia del Ministro de Gobernación en los separos judiciales le proporciona una jerarquía especial al delincuente y lo convierte en ejemplo para otros mareros que, como él, asesinan con sangre fría y otorgan gran importancia a ese reconocimiento especial que la sociedad hace a sus cualidades.
No creemos que se deba minimizar la importancia de la captura ni que se deba ocultar el récord delictivo de un delincuente con tales antecedentes. Pero darle espacio para que se «luzca» en los medios de comunicación respondiendo cínicamente a los reporteros que le ofrecieron tan extraordinaria oportunidad para trascender y alcanzar una notoriedad pública sin precedentes, nos parece un error que los periodistas tenemos que analizar.
Nuestra labor es delicada porque es muy sutil la línea que marca la responsabilidad de nuestro trabajo y el cumplimiento de nuestro deber para ofrecer al público toda la información que requiere. Pero desde que el señor Gándara pintó al Smiley como el responsable no sólo de las muertes de pilotos sino de la ola de violencia que afecta al país, se encumbró a ese delincuente a una posición que lo termina colocando como héroe para sus pares, es decir, para todos aquellos jóvenes inadaptados que encuentran en la pandilla el calor de familia que nunca han tenido y la oportunidad de obtener reconocimiento colectivo, aunque sea por su carácter desalmado. Y qué mejor prueba de «éxito» de acuerdo a parámetros de quienes viven la vida aceleradamente, extorsionando y matando antes de que los maten a ellos, que el protagonismo que logró Ramírez Espinoza al ser objeto de enormes espacios en todos los medios de comunicación, no sólo para perfilarlo como el delincuente que es, sino para ofrecerle la oportunidad de que se luciera en extensas entrevistas que usó para exaltar la filosofía de la mara y la práctica de esa violencia insensata, fría y brutal que jamás repara en el impacto que tiene para la víctima y sus deudos.
Encontrar ese justo equilibrio entre el derecho a la información y el deber de informar sin ensalzar al criminal es parte de la responsabilidad de la Prensa.