La designación del antiguo líder demócrata del Senado de Estados Unidos, George Mitchell, como enviado especial de la Casa Blanca y el Departamento de Estado para el Cercano Oriente, constituye sin duda alguna una muestra de interés del nuevo gobierno norteamericano para abordar los problemas entre israelitas y palestinos de una forma más agresiva. Cierto es que el Presidente Obama al anunciar el nombramiento ratificó el compromiso de Estados Unidos con Israel y reconoció lo que él consideró como el derecho a defenderse de los ataques de Hamas, pero también hizo énfasis en que igualmente reconoce el derecho del pueblo palestino a vivir en su propio Estado.
El vínculo entre Estados Unidos e Israel hay que entenderlo como indisoluble, no obstante reconocer que esa realidad es la que ha generado mayores tensiones porque alienta a los políticos judíos para ignorar hasta las resoluciones de Naciones Unidas a sabiendas de que en última instancia, el veto norteamericano serviría para anular cualquier decisión del Consejo de Seguridad. Por ello es que la indiferencia mostrada ante el problema palestino durante los últimos ocho años fue tan dañina, puesto que impidió cualquier forma de avance en la región.
Hemos sostenido que la calificación de terroristas lanzada contra los palestinos que usan las armas para reivindicar su derecho se revierte cuando uno recuerda que en su momento, en la década de los años cuarenta, los judíos que lucharon para crear el Estado de Israel también utilizaron las armas y recurrieron a prácticas que a la luz de las definiciones de hoy, caerían en terrorismo.
El problema tiene que enfocarse desde una perspectiva diferente, porque lo que da lugar a la violencia es la negativa persistente a reconocer el derecho del pueblo palestino a disponer de su propio Estado y por ello el trabajo del Embajador especial Mitchell será el de avanzar hacia la creación de esa nueva forma de Nación que sea el punto de partida para el entendimiento. Sin la decisión de crear el nuevo Estado, no hay posibilidades de paz y eso tiene que entenderse de manera radical porque es la raíz y punto de partida del conflicto.
Después habrá que lidiar con extremistas tanto palestinos como judíos que se mantendrán en sus trece para buscar la destrucción del adversario, pero sin que se dé el primer paso de reconocer la existencia del nuevo Estado todo empeño por enfrentar los radicalismos carece de sentido. Creemos que aún países pequeños como Guatemala tienen que expresar su voz, sobre todo los que, como el nuestro, lo hicieron oportunamente para ayudar a crear a Israel.