Enorme mancha humana


Una enorme mancha color carne inundó ayer el Zócalo de la Ciudad de México con los cuerpos desnudos de más de 18.000 mexicanos que eufóricos se desvistieron para el lente del artista estadounidense, Spencer Tunick, que nunca habí­a reunido más de 7.000 personas.


«Creo que todos los ojos del arte deben mirar desde Estados Unidos hacia el sur, hacia la Ciudad de México, para ver como un paí­s puede ser libre al tratar el cuerpo humano con felicidad y no desde la pornografí­a o el crimen», dijo Tunick bañado en sudor y al término de la sesión en una breve conferencia.

«Ahora, en mi opinión, el corazón de Latinoamérica es México», añadió antes de regresar a agradecer en persona a los participantes que superaron en número cualquiera de los desnudos masivos que ha fotografiado en Bélgica, Australia, Canadá, Estados Unidos, Brasil y Barcelona.

Más de 18.000 personas acudieron a la madrugadora cita, según los conteos preliminares de los organizadores, que registraron el paso de hasta 250 personas por minuto en la calle destinada para ingresar al Zócalo.

La sesión arrancó con un «Â¡adelante, ahora sí­!» de Tunick que detonó una insólita y eufórica carrera de gente desnuda corriendo hacia el asta del zócalo capitalino, la tercera plaza más grande del mundo, después de la de Tiananmen, en Beijing, y la Roja en Moscú.

«Fue una obra de arte, una expresión polí­tica y al mismo tiempo un acto de amor con nuestros cuerpos», comentó Juan Lagos, un estudiante de Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.

En posición de feto frente a la catedral capitalina, de espaldas al Palacio de Gobierno y saludando a una bandera imaginaria fueron algunas de las posiciones que creó Tunick, rompiendo su récord de Barcelona donde desnudó a 7.000 personas.

«Â¡Norberto Rivera (arzobispo de México), la gente se te encuera!» fueron algunas de las consignas que gritó el gigante mosaico de figuras humanas en la principal plaza de la ciudad de México, donde recientemente se aprobó una ley que despenaliza el aborto y que provocó fuertes crí­ticas de la Iglesia católica.

«Â¡Sí­ al aborto! ¡Sí­ al aborto!» corearon las mujeres reunidas en una serie de Tunick destinada sólo a ellas.

Los organizadores dijeron dí­as atrás que más de un 35% de los voluntarios inscritos fueron mujeres, un porcentaje también inédito en los desnudos del artista.

Los colaboradores de Tunick tardaron cinco años en conseguir los permisos para las fotografí­as en las que no aparecerá ni la catedral, ni la bandera mexicana que este domingo no se izó en el asta del zócalo.

Ancianos, ciegos, minusválidos, investigadores, choferes, ex «strippers», policí­as, entre muchos otros, conformaron el desnudo masivo que tiró por la borda las hipótesis de mucha gente que consideraba que el acontecimiento estarí­a plagado de morbo.

«Perdimos tabúes, prejuicios y ganamos la sensación de poder estar con el otro, desnudos, unidos. Jamás me sentí­ observada con morbo», comentó Carla Zurián, una joven investigadora del Instituto Nacional de Antropologí­a e Historia (INAH).

«Muchos movimientos sociales se han generado en las provincias del paí­s porque la ciudad siempre habí­a sido más conservadora y ahora estamos diciendo ’ya no somos esa capital de antes’», añadió Zurián, también historiadora.

«Lo más interesante fue saber estar, mostrándote tal cual eres, gordo, jorobado, frente a otros que también quisieron entrar a esta especia de vitrina de humanos», expresó orgulloso a su vez Mario Carrasco, un arqueólogo y editor.

La experiencia artí­stica «fue única, irrepetible, y yo tení­a que estar ahí­ para de paso reconciliarme con mi cuerpo aunque sea esta edad», dijo Genoveva Ladino, una comerciante de 73 años de edad al salir del centro histórico.

Según el artista «en la Ciudad de México algo está pasando, es cultural, va a explotar y será maravilloso».