Ayer el gobierno dijo que no planteará una reasignación de fondos en el proyecto de presupuesto que discute el Congreso, a fin de asignar 7 mil millones de quetzales a la seguridad ciudadana, sino que se propone incrementar el presupuesto para el año 2009 en esa cantidad. Agregó el mandatario que no tienen todavía la fuente para esos nuevos recursos que son indispensables, pero que no pueden disminuir otros rubros para hacer crecer el de seguridad y que por lo tanto lo que conviene es un aumento en la previsión de gastos para el próximo período fiscal.
En otras palabras, el presidente Colom y su equipo de trabajo lo que nos plantean es una enorme disyuntiva: si los ciudadanos queremos más seguridad, tendremos que pagar por ella y eso se traduce en nuevas cargas fiscales porque no hay otra fuente para lograr el objetivo de dotar a las fuerzas de seguridad de más recursos para hacer su trabajo.
Nadie con dos dedos de frente podrá negarse a aportar más para la seguridad ciudadana porque al fin y al cabo eso nos afecta a todos y sin duda el país va en rumbo de convertirse en el nuevo reducto de los grandes carteles que, perseguidos primero en Colombia y luego en México, buscan refugios en países con estados débiles cuyas autoridades lejos de proteger a los ciudadanos se pueden vender para brindar protección a los criminales.
Pero la forma y el monto del aporte son otros cien pesos, como dicen los mexicanos, porque en eso sí que habrá debate y muy intenso toda vez que por mucha que sea la inseguridad, los principales grupos de poder económico no están dispuestos a aceptar cambios fiscales de fondo que les puedan afectar en el giro de sus intereses. Y como los que en ese sentido tienen más poder y deciden se encuentran a buen recaudo porque gozan de protección privada tanto en sus colonias como para sus familias, su valoración del tema puede ser distinta a la que hagamos el resto de los ciudadanos.
Se le podrá exigir al gobierno que reduzca la inversión social para asignar los fondos a seguridad ciudadana, pero se trata en realidad de dos campos en los que no podemos distraer recursos y en los que, mucho ojo, cualquier desvío o mal manejo adquiere proporciones de delito de lesa humanidad. Guatemala necesita mantener un ritmo adecuado de inversión para atender a los más pobres y compensar esa desigualdad que ayer señalaba un estudio a nivel mundial y tiene que invertir en seguridad. El debate está abierto en ese marco y contexto.