Enfrentados por polí­tica cambiaria


Un empleado chino hace conteo de dólares y yuanes. FOTO LA HORA: AFP

China reaccionó enérgicamente hoy a las crí­ticas estadounidenses por la situación de los derechos humanos en el paí­s asiático y la cotización del yuan y acusó a Washington de injerencia, en un contexto de creciente tensión en las relaciones entre las dos potencias.


Menos de 24 horas después de esas crí­ticas, China defendió su posición frente a Estados Unidos en esas dos cuestiones, que constituyen un tema constante de discordia en sus relaciones.

Las relaciones bilaterales atraviesan una zona turbulenta desde hace algunos meses.

Las fricciones se debieron a las ventas de armas norteamericanas a la isla nacionalista de Taiwán (considerada por Pekí­n como una de sus provincias), a la reunión del presidente Barack Obama con el Dalai Lama (acusado por China de promover el separatismo en Tí­bet) y a los ataques de cibernautas chinos contra el motor de búsqueda norteamericano Google.

Estados Unidos «vuelve a atribuirse el papel de juez mundial en materia de derechos humanos», afirmó el Consejo de Estado (gobierno) en un contrainforme, citado por la agencia China Nueva.

Por undécimo año consecutivo, el Consejo de Estado publicó un documento sobre la situación de los derechos humanos en Estados Unidos, acusando a Washington, «que publica un informe lleno de acusaciones sobre la situación de los derechos humanos en 190 paí­ses (…), de cerrar los ojos, esquivar o incluso ocultar sus propias violaciones de derechos humanos en su territorio».

Estados Unidos «usa los derechos humanos como un instrumento polí­tico para injerirse en los asuntos internos de otros paí­ses, ensuciar la imagen de otras naciones y alimentar sus propios intereses estratégicos», asegura Pekí­n en ese contrainforme.

China acusa a Estados Unidos, donde surgió la crisis económica mundial en 2008, de haber provocado un «desastre en materia de derechos humanos», de otorgar a su prensa una libertad relativa («al servicio de sus intereses») y de restringir las libertades individuales con el arsenal de seguridad instaurado desde los atentados del 11 de septiembre.

Este contrainforme fue publicado un dí­a después del informe anual del Departamento de Estado norteamericano sobre la situación de los derechos humanos en el mundo, que una vez más es abrumador para China.

Pocas horas antes de reaccionar a ese informe, China también habí­a rechazado categóricamente «la politización» de la cuestión del valor del yuan, un dí­a después de un llamado de Obama a favor de una tasa de cambio china «más orientada por el mercado»

«No estamos de acuerdo con la politización de la cuestión del í­ndice de cambio del yuan», declaró al margen de la reunión anual plenaria del Parlamento el vicegobernador del Banco Central, Su Ning, citado por la agencia Dow Jones Newswire.

«Tampoco estamos de acuerdo con el hecho de que un paí­s (…) quiera ver sus propios problemas solucionados por otro», señaló. «Pensamos que la cuestión del í­ndice de cambio no ayudará a disminuir ni a acrecentar nuestros excedentes y déficits comerciales», agregó Su Ning.

Los interlocutores comerciales de China, comenzando por Estados Unidos, presionan para evaluar al alza el yuan, por considerar que su valor es artificialmente bajo y le da una ventaja competitiva a China. El paí­s asiático se convirtió en el primer exportador mundial, a pesar de la crisis.

Por otra parte, China advirtió el viernes al motor de búsqueda estadounidense Google que se exponí­a a «consecuencias» si dejaba de filtrar los resultados de la búsqueda en lí­nea de su portal chino Google.cn.

«Nosotros apoyamos la expansión de (Google) en China» dijo el ministro de Industria y Tecnologí­as de la Información Li Yizhong, al margen de la reunión del parlamento en Pekí­n.

«Pero si viola las leyes chinas, eso será inamistoso e irresponsable y (Google) será por cierto responsable de las consecuencias», agregó Li.

Las autoridades chinas controlan estrechamente los medios y exigen motores que filtren los resultados de las búsquedas para ignorar los ví­nculos que llevan a contenidos sensibles para Pekí­n.