Enemigos de la falsedad



Esta mañana Mario Antonio Sandoval escribe en su columna que los enemigos de las encuestas han comentado el garrafal error cometido en las mediciones de la primera vuelta electoral entre las que destaca la de Prensa Libre, Nuestro Diario y Guatevisión que, alterando el margen de error de alrededor de cuatro por ciento, infló la intención de voto a favor de Otto Pérez Molina en más del ocho por ciento. Las otras encuestas que fallaron ya fueron señaladas con todo el tupé del mundo por el editorial de Prensa Libre que afirmó que los otros se equivocaron más que ellos.

La verdad sea dicha, en el caso de La Hora no somos enemigos de las encuestas porque sabemos que las mismas son útiles cuando son bien hechas y cuando son bien presentadas. Somos enemigos de falsedades que alteran el proceso electoral e influyen, ya sea para que los candidatos recauden fondos o para que puedan asistir a los foros, no digamos en cuanto a inducir el voto de los electores. Citamos concretamente dos casos, el de Rabbé y el de Suger para ilustrar cómo pueden afectarse de manera directa y concreta a aspirantes que son menospreciados maliciosamente por las encuestas.

El mismo Sandoval, quien abusivamente califica de ignorantes a quienes no están de acuerdo con él en las tonterí­as que dice para tratar de justificar el engaño que hicieron a sus lectores con la encuesta en la que colocaron a Otto Pérez Molina delante de ílvaro Colom, admite que el problema no son las encuestas sino la forma en que las presentan. Y exactamente eso es lo que hemos dicho nosotros, que lo terrible es la forma en que presentan los resultados manipulados de las encuestas, con agenda propia y persiguiendo intereses que ocultan al público.

Sandoval puede defender las encuestas como quiera, pero no tiene por qué cuestionar la intención de quienes reclaman un control para ese tipo de procedimientos. Menos aún lanzar insultos solapados, como es su estilo, a quienes critican el evidente, por lo burdo y descarado, manoseo que hay al respecto.

Si algún dí­a en Guatemala se regula el tema de las encuestas será por obra y gracia de lo que hizo Sandoval y su gente en esta elección, porque dieron la muestra más clara y contundente de cómo se puede manosear una encuesta y por qué hace falta que exista regulación. Y por supuesto que esperamos seguir discutiendo el tema en el tono que Sandoval quiera, porque ya va siendo tiempo de que esa gente que pontifica como si estuvieran más allá del bien y del mal, entiendan que no pueden ellos, tampoco, seguir actuando impunemente cuando deliberadamente mienten y engañan al público. Los que tienen la cola machucada, y de manera tan obvia, no debieran darse esos aires de grandeza.