El viernes 3 de abril de 2009, el Embajador de los Estados Unidos de América Stephen G. McFarland asombró a los guatemaltecos cuando hizo su espontánea aparición en la Huelga de Todos los Dolores, convirtiendo esta postura en un acontecimiento histórico para Guatemala. A la mañana siguiente en la portada del diario Prensa Libre, observamos al Embajador con uno de los dirigentes de la Huelga, en un encuentro singular frente a frente, y la multitud alrededor todavía incrédula de lo que estaba sucediendo, muy inquieta y atenta ante lo inesperado. Nunca antes había ocurrido algo así en la extensa trayectoria de ciento once años de la Huelga que es celebrada cada Viernes de Dolores por los y las estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Es de aplaudir la participación del señor McFarland porque complementa las acciones tomadas en el ámbito mundial por el actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien ha decidido no solamente mantener la puerta abierta para una comunicación constante con el mundo, sino aproximarse a la gente y apersonarse a otros países para minimizar la posibilidad de peligrosos nuevos conflictos o malos entendidos, como lo hizo hace algunos días al viajar a Turquía para unir lazos con la comunidad musulmana, momento en que pronunció las siguientes palabras que transmiten amparo y confianza: «Estados Unidos no está ni estará nunca en guerra contra el Islam… Queremos demostrar con acciones concretas nuestro compromiso para un mundo mejor.» Por ello, la actitud del señor McFarland que se enfrenta a una manifestación del pueblo de Guatemala, tan representativa y franca, clara, audaz y completamente «en contra de lo establecido», como la Huelga de Dolores, es un testimonio de que Estados Unidos, hoy presidido por Barack Obama, desea activamente alcanzar acuerdos para el bienestar de Guatemala. El éxito de este encuentro reside en que el Embajador quiso involucrarse, adentrarse, ser testigo él mismo de las situaciones, de las necesidades y de la problemática que existe en Guatemala. Esta intervención directa en las actividades de la Huelga de Dolores, contrasta con las políticas que han tenido gobiernos anteriores, de ambos países, y que hoy identifica a Stephen G. McFarland como una persona positiva, objetiva y auténtica, y convierte esta acción en un acto de solidaridad con el pueblo guatemalteco, porque la Huelga de Dolores es su catarsis por excelencia, es el gemido, el grito de horror de todo lo negativo que sucede en este país y que los estudiantes de la Universidad de San Carlos han representado burlescamente, como en un «cómic»: «…Estudiantes en sonora carcajada prorrumpid. Ja Ja.» Dentro de la conversación que mantuvieron los honorables miembros del Comité con el Embajador, no desaprovecharon la oportunidad para solicitarle «Â¡que cambien la política migratoria!», a lo que McFarland respondió que llevaría su mensaje. Luego al retirarse, fue custodiado por miembros del comité de orden hasta su automóvil, siendo esta una acción simbólica, una muestra de reciprocidad de parte de los estudiantes, ante este hecho tan notable de parte del Embajador de los Estados Unidos, que por cierto no se podía esperar menos de él, pues ha vivido en Latinoamérica y en el Oriente Medio, y posee una alta experiencia en transiciones democráticas, derechos humanos y seguridad. Sus deseos de aprender más no se quedan allí, porque actualmente está estudiando el idioma Quiché. Sea entonces el señor McFarland el mensajero de la Esperanza, la que nunca se pierde, y que según la mitología griega fue colocada por Zeus, divinidad suprema del Olimpo, en la «Caja de Pandora», para aliviar a la humanidad de todos los males que se extendieron por el mundo, cuando ésta por curiosidad en algún momento fue abierta.