Encrucijada hondureña


No podí­a nadie hacerse muchas ilusiones respecto a la mediación emprendida por í“scar Arias para acercar posiciones entre el depuesto presidente Manuel Zelaya y el gobierno surgido como resultado del golpe de Estado en Honduras, puesto que se trata de posiciones en buena medida irreconciliables. Sin embargo, el espacio ofrecido por el diálogo permitió ver que en ambos lados hay actitudes que son poco edificantes para el diálogo y por lo tanto han colocado al paí­s en una grave encrucijada.


Si en las próximas horas no se produce una especie de milagro que permita reabrir el diálogo en Costa Rica, la situación se puede volver muy delicada porque los grupos de respaldo a Zelaya han advertido que realizarán acciones de protesta y el mismo Presidente ha dicho que volverí­a a su paí­s para comandar la insurrección contra el gobierno de facto surgido luego del golpe.

Sobra decir que el espacio para las acciones diplomáticas y, sobre todo, de la Organización de Estados Americanos parece ya muy limitado, si no inexistente, puesto que pese al cerco que impuso la comunidad internacional al gobierno de Micheletti, éste se ha logrado mantener en el poder con el apoyo de los grupos empresariales de su paí­s, de la Prensa y de buena parte de la opinión pública que, contra lo que ocurre en el exterior, parece no estar interesada en el retorno de Zelaya al poder.

La realidad hondureña hace que se tenga que pensar en una situación sumamente compleja, puesto que aunque conforme a derecho y al orden internacional la reinstalación de Zelaya sea un imperativo, las condiciones internas no parecen facilitar ese retorno, especialmente porque el mismo Zelaya en forma poco comedida ha enviado mensajes de que para nada abandona el proyecto de la reforma constitucional que permita la reelección, tema sumamente polémico que fue el detonante de la crisis en el hermano paí­s e insistencia que tuvo mucho que ver con el fracaso de la mediación de í“scar Arias.

Habrá que ver cuál es la postura de los gobiernos en los paí­ses vecinos de Honduras, porque los tres han dado abundantes muestras de apoyo al presidente Zelaya, colega de Colom, de Ortega y más recientemente de Funes. También deberá tomarse en cuenta el papel de los grupos identificados con las oligarquí­as en esos paí­ses que no han ocultado su satisfacción por el golpe que apartó a Zelaya por considerar que es una especie de apéndice del chavismo en la región.

Y por enésima vez, el papel de la Organización de Estados Americanos vuelve a quedar en entredicho por su incapacidad de generar el retorno al estado de Derecho en uno de los paí­ses miembros cuando se produce un manotazo al orden constitucional.