Según Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), 966 mil menores de edad laboran actualmente en el país. La mayoría se desempeña en labores domésticas, remuneradas «en especie».
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Alejandro Zepeda, de la organización CARE Guatemala, menciona que no existen condiciones de protección para la niñez que labora. “Lamentablemente en este país las sanciones no ascienden lo suficiente, y en alguna medida existe complicidad de los empresarios que incurren en este tipo de delitos y algunas autoridades”, menciona.
Zepeda propone trabajar sobre tres propuestas de carácter integral en este tema. “Una de las primeras cosas que debemos hacer es garantizar que haya educación de calidad y suficiente recurso educativo y con pertenencia cultural”. Para el representante de CARE, la inversión en educación bilingüe es importante para el desarrollo de las comunidades.
Por su parte, Armando Secaira, de la organización internacional CRS (Catholic Relief Services), indica que según estudios de Unicef, Guatemala solo invierte Q5 diarios por niño, mientras que en Costa Rica se invierte hasta 20 veces más que en nuestro país.
“La Encovi 2006, que arroja datos de forma muestral y no censal, menciona que hay 966 mil niños y niñas trabajadores en el país. En Guatemala somos 14 millones de habitantes; la mitad son menores de 18 años. Y de esos 7 millones, casi un millón son niños trabajadores. El porcentaje es muy alto comparado con otros países de América Latina”, indica
El incremento de salarios a través del sector privado, es otra de las propuestas del doctor Zepeda, pues considera que el actual sueldo mínimo es un “salario de hambre”, y esto provoca que los niños abandonen “su vida normal”, para garantizar el bienestar económico de la familia. “Este es un problema de carácter estructural”.
Por último sugiere realizar una «gran campaña de sensibilización», para que la población sea consciente de la situación de explotación de los niños y niñas, para erradicar el trabajo infantil en condiciones deplorables. “Las niñas de 14 años, que están en edad de asistir a la escuela, son contratadas por terceras personas para trabajar en casas particulares. Esto conlleva muchas formas de violencia que sufren estas niñas que no son visibilizadas, como explotación y abuso”, alude Zepeda.
Zepeda aclara que hay miles de niños que trabajan en condiciones no óptimas, y que encima de eso, no reciben un pago en moneda, sino en especie. “Conocemos casos de niñas en Sololá, que trabajan en casas de otros y como paga reciben una libra de arroz o frijol para que lleven a sus casas. Esto ya es una situación de extrema explotación”.
Según la OIT, en el mundo existen más de 215 millones de menores de edad que se ven forzados a trabajar, lo que los priva del derecho a la educación, a la vez que son expuestos a riesgos de sufrir daños físicos, psicológicos, a su dignidad y seguridad.
Leonel Dubón, acerca de este tema, agrega que la niñez pasa por un ambiente de vulnerabilidad muy fuerte, pero declara que no solo es responsabilidad del Estado, sino de los padres, pues no transmiten principios y valores, lo que expone a los infantes a ser agredidos o involucrados a actividades ilegales.
Acerca del trabajo infantil indica que es “derivado de las condiciones de extrema pobreza que viven”; y que para revertir estos procesos se debe invertir en programas que sean garantes de la protección y derechos humanos de la niñez.