La población de Estados Unidos y mucha gente alrededor del mundo se encuentran llenas de expectativas con respecto al cambio de régimen en ese país. Es cierto que el presidente Obama no podrá cambiar en poco tiempo las medidas nefastas de Bush; pero hay la firme esperanza de que cambios importantes se produzcan de inmediato y que, más pronto que tarde, el mundo recupere su rumbo del nuevo milenio y se enfoque en la solución de las necesidades de las grandes mayorías.
Se reconoce que las perspectivas inmediatas del mundo no son las mejores. La economía mundial, y particularmente la de Estados Unidos se encuentra en verdadera crisis, mucho más profunda que lo que se puede percibir o aceptar. El futuro inmediato de Guatemala luce aún más oscuro, con su falta total de desarrollo, su galopante inseguridad y violencia criminal y sin sentido, su falta de oportunidades, sus olas migratorias que enfrentan cada vez más dificultades en el trayecto y en los países de destino, sus miles de deportados y disminución de las remesas y, finalmente, su ineficaz e ineficiente clase política.
Ante los agudos problemas que se seguirán presentando en 2009, pese a medidas saludables recientes, como la de ejercer la autoridad civil sobre el aparato militar y depurar las fuerzas armadas y de seguridad, el Gobierno seguirá siendo blanco de críticas, algunas de ellas valederas y otras producto de la politiquería, y los partidos políticos tratarán de acusarse los unos a los otros de los males, de cara al 2011, en vez de buscar conjuntamente las soluciones que el país necesita urgentemente.
El balance del año 2008 de Guatemala es negativo, si bien hay que reconocer que muchos de los problemas existentes, o cada vez más profundos, son herencia de los gobiernos anteriores. Arzú, Portillo y Berger no solamente sacrificaron la gran oportunidad de la aplicación de los Acuerdos de Paz sino que contribuyeron, particularmente con su lenidad ante la impunidad, a la generación del clima de inseguridad y violencia que Colom ha heredado y no ha podido controlar. Muchos afirman que la situación de inseguridad de hoy es aún peor, lo que puede significar que algunos de los factores de la misma obedecen a causas políticas. El «negocio de la seguridad» paga, económica y políticamente.
El presidente Colom deberá reconocer ante la ciudadanía que en 2008 las cosas se pudieron haber hecho mucho mejor en casi todos los campos, pese a los esfuerzos de algunos en el Ejecutivo. Deberá igualmente comprometerse a demostrar con hechos que este Gobierno puede generar «esperanza». Pese al nubarrón de la crisis económica mundial, el cambio de Presidente en los Estados Unidos confiere una oportunidad histórica que, de aprovecharse bien, puede llevar a un período presidencial de efectivas respuestas a nuestra gente pobre y a la sufrida clase media. Ser revolucionario, que es una obligación ante la crisis actual, no se puede quedar en la exaltación de los logros de la Revolución de Octubre; es indispensable respaldar con hechos revolucionarios las afirmaciones de palabra. Se debe reconocer que el pueblo de Guatemala está a punto de perder la paciencia, situación explicable ante las frustraciones sucesivas de nuestra larga e interminable transición hacia la democracia, lo que exige cambios generales, inmediatos y profundos.