Si usted contestara a la interrogante planteada en el titular que vivimos en el Manzanillo, no tendría ningún inconveniente en aceptarlo, porque ¿en qué cabeza cabe que se utilice la autonomía concedida al deporte para que oscuramente se pueda vender, ceder, traspasar o cencesionar el Estadio Nacional «Mateo Flores», cuando todo el mundo sabe que ha sido y será del pueblo y de nadie más? ¿Dónde se ha visto que un organismo del Estado tenga «ahorros» pero al mismo tiempo, por no haber dinero disponible no haya podido comprar el suficiente abono o fertilizante que tanto agricultor está clamando a gritos, para no morirse de hambre, puesto que su cosecha para este año bien podría ser la más pobre de su historia?
No cabe duda entonces que hace rato como nación perdimos el rumbo o que es tanta la corrupción de nuestros politiqueros que pronto vamos a superar los índices de Haití o de cualquier otra nación del orbe, cuya población está muriéndose de hambre mientras los encopetados de siempre continúan felizmente embadurnados de las mieles del poder. Hemos llegado a tal punto que ya no creemos en nada ni en nadie. Por ejemplo, el gobierno bien podrá decir que garantiza el buen uso de un préstamo que por Q 390 millones le concederá el BID para mejorar algunos hospitales nacionales, ¿pero cuál ha sido la triste y dura experiencia adquirida, cuando siempre se descubren jugosas remuneraciones, gastos innecesarios y hasta gordas comisiones, porque la mentada Contraloría y la Carabina de Ambrosio siguen siendo la misma cosa?
Hace rato que los chapines dejamos de expresar que ahora sí llegamos al fondo del tonel de la corrupción, porque no hay día de Dios que con el respectivo sobresalto, dejemos de enterarnos que «honorables, dignos y honestos» jueces, magistrados, diputados o cualquier otro cargo que se le ocurra utilizar, se hayan auto recetado aumentos, bonos, incentivos, indemnizaciones, etc. Perdone estimado lector que le pregunte: ¿usted creyó en los cantos de sirena de los recién electos magistrados del Tribunal Supremo Electoral a la hora de asumir sus cargos? Tengo que confesar, con vergí¼enza, que yo sí caí de pendejo, especialmente cuando leí y escuché sus duras críticas a los antecesores y ahora, resulta que aunque devuelvan el dinero auto recetado, ¡ya chorrearon su prestigio!
¿Quién va a estar seguro entonces que no haya mano de mono metida en el denodado interés porque se apruebe el proyecto de Petrocaribe? Claro, no hay vuelta de hoja, suena lindo escuchar que esa gran millonada de quetzales se va a invertir en obras sociales y de beneficio directo para la población más necesitada y tanto palabrerío más al que hemos estado acostumbrados, pero aparte de la sugerencia de Lucy Barrios, que bien comentara Oscar Clemente Marroquín en su columna del Diario La Hora, del miércoles 9 de julio, para que ese dinero se destinara exclusivamente a financiar la construcción de un gran proyecto hidroeléctrico, el que indudablemente favorecería a todo el país, del gobierno, nada concreto, mucho menos positivo, hemos podido saber a estas alturas para convencernos que ¡ahora sí!, vamos a recuperar la fe, confianza o credibilidad perdida.