En pos de apaciguar el hormiguero


Me ha regocijado el alboroto que provocaron entre mis contados lectores los dos artí­culos que publiqué en torno a la llamada carretera a El Salvador, porque ni siquiera cuando he escrito acerca de la pena de muerte o respecto a los estragos que ya está causando el cambio climático -por ejemplo- las reacciones de quienes leen con relativa frecuencia esta columna han sido tan numerosas y contrastantes.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

Como lo indicó í“scar Clemente Marroquí­n el pasado martes 13, esos dos artí­culos despertaron toda una polémica alrededor del tema, como si fuera una de las cuestiones más importantes de la vida nacional, simplemente -agrego de mi parte- porque atendí­ a un ingeniero agrónomo que me escribió pidiéndome que publicara su desacuerdo con el hecho de que le denominen carretera a El Salvador a la ruta que conduce al sur oriente del paí­s.

Pero fue como si picara un hormiguero, tanto por las llamadas telefónicas peyorativas que recibí­ como por las acotaciones enviadas a la página Web de La Hora, la mayorí­a a favor de que se deje de llamar como se le dice a esa ví­a, y otros opinando que los inconformes no son más que malvados resentidos sociales, como me dijeron telefónicamente a mí­, entre otras linduras.

Ya para dar por terminado este asunto un tanto frí­volo -al menos temporalmente-, déjenme que les comparta algunos párrafos del comentario de don Manuel Aler, quien, para sobarle más la espinilla a quienes se creen aludidos, señala que «muchos de los que habitan en el sector mencionado, han abreviado al máximo la referencia geográfica y ahora dan por hecho que todos ubicarán su lugar de residencia cuando dicen: «Es que como vivo en carretera», así­, sin más referencia».

Añade el señor Aler «Otra cosa es lo de los condados. ¿De qué conde o condesa?». Probablemente este acucioso lector alude al «Condado Concepción», desusado nombre con el que se identifica a una urbanización que está situada, cabalmente, a orillas de la carretera a El Salvador, a Barberena, a Jutiapa o simplemente a Pavón, y que ya ha encontrado seguidores en otras regiones del área metropolitana.

Ahí­ esta el «Condado El Naranjo», v. gr., que se ubica en las proximidades del también mal llamado bulevar El Naranjo, porque de bulevar no tiene más que el nombre, que une al surponiente de la ciudad capital con numerosas colonias de Mixco.

Me atreverí­a a decir que los propietarios de esa notificación la bautizaron con el nombre de «Condado El Naranjo» siguiendo la tónica del ampuloso «Condado Concepción», y no por semejarse a Orange Country, que, tal lo indica su nombre, es un condado de California, que en Guatemala podrí­a ser un municipio, a menos de que se trate de una vulgar aldea, un proletario cantón, un polvoriento barrio, una residencial colonia, un olvidado caserí­o o un rústico paraje, para decirlo sin estirar la boca.

(Romualdo señala que se tome en cuenta el criterio del señor Alan Cosillo, en cuanto a denominar la ruta a El Salvador como «carretera a Las Wanabes», y analizar la opinión de don Jaime Martí­nez, respecto a cómo se oirí­a a la gente cool decir «Condado La Limonada»).