Sin duda alguna nos encontramos en plena crisis en todo sentido. Para qué la utilización de términos que buscan disimular el problema, sin salida aparente, responsable del hundimiento prevaleciente. Tocamos fondo es la verdad monda y lironda, cuya característica es sacudirnos hasta el extremo.
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Circunstancias en esa dirección, pero en menor cuantía hemos pasado, con un crecimiento dañino siempre. El actual diagnóstico situacional rebasa ya cualquier cálculo en ese sentido. Recordemos que de nuestros abuelos, fogueados en estos embates, pudimos escuchar a menudo que en la década de los años 30 hizo acto de presencia una dura crisis.
Dadas las condiciones propias del perfil de los guatemaltecos, que sirve de marco referencial, el fenómeno socioeconómico en mención da pautas válidas. Somos un país subdesarrollado, que a pesar de contar con riquezas naturales abundantes no sabemos, o no podemos aprovecharlas convenientemente.
Cuando mucho existe tendencia manifiesta a exigir, que no pedir a las autoridades la satisfacción de necesidades. Haraganería, indolencia, atenidos a extender la mano, qué sé yo. Sin embargo, hoy en día y ante la plena crisis galopante, es preciso la unión colectiva en un solo haz, para salir del atolladero.
De nada sirve conformarnos con el hecho patente que la crisis aludida es del orden mundial. Eso en ningún momento es un compensador, esperado como agua de mayo ni cosa parecida. Debemos echar mano de nuestros propios esfuerzos en homenaje a la solidaridad, tendiente a compartir con los demás.
Causas internas y externas contribuyen poderosamente a la condición de encontrarnos en plena crisis en todo sentido. Del orden monetario se nota bien en las alzas desmedidas; en el poco poder de compra; en la demoledora e ingrata especulación. Además, es obra de los exiguos sueldos y salarios de la mayoría poblacional.
A dónde dejamos algo peor, cuya realidad agrava el problema insatisfecho, consistente en el gran desempleo a la vista. Escasean las fuentes de trabajo debido a la difícil inversión a diario. Razones o sinrazones existen en tal sentido. Pero como quiera que sea su sumatoria arroja precariedades a montones.
Del orden cultural salen a luz dificultades enraizadas a nuestra idiosincrasia peculiar. Caemos al final de cuentas en ser candil de la calle y oscuridad de la casa; sólo vemos el derecho de nuestra nariz. También que otros se avienten y saquen la cara, por ser egoístas y discriminadores.
Entre las innegables causas externas, responsables de encontrarnos en plena crisis en todo sentido, cito las más notorias. Los nunca antes vistos en la historia elevados precios de los energéticos que nos ahorcan, debido al petróleo disparado hasta decir ya no. Y la caída del dólar estadounidense, un mecanismo manoseado.
Tampoco es para dejar en el tintero la inalcanzable canasta básica, que conjuntamente a la elevación del pan y la tortilla, que forman la dieta popular nos tienen bien reventados. Sin faltar los aumentos a las bebidas, gas propano y la energía eléctrica, motivo de honda preocupación.
Apelar a la conciencia y responsabilidad de todos es lo más indicado, acaso bajo el conocido lema de: «La unión hace la fuerza», podamos sobrevivir. Por lo tanto, llora sangre los sueldos de más de 100 mil quetzales que ganan unos cuantos en nuestro medio, lleno de contradicciones tipo diferencias abismales.