El novelista turco Orhan Pamuk, quien recibirá el domingo el Nobel de literatura en Estocolmo, está encantado con este honor pero, ante todo, quiere seguir siendo un escritor y no un orador o un puente entre culturas.
Estoy muy agradecido por este honor, me enorgullece, pero estoy decidido a conservar la vida que llevo, la intensidad de mi vida de novelista, declaró el miércoles el escritor durante una conferencia de prensa en Estocolmo, requisito imprescindible de todo ganador del Nobel antes de la entrega del galardón.
Pamuk, de 54 años, quien llegó acompañado de su hija el martes por la noche a Suecia, pronunció ayer un discurso solemne de recipiendario en la Academia sueca.
El domingo, el escritor recibirá el premio de manos del rey de Suecia y luego vestirá un chaqué para asistir a una cena de gala en el ayuntamiento de Estocolmo.
El autor de Nieve o El Libro Negro se define por encima de todo como un escritor. No me gusta esta imagen (…) de ser un puente entre las culturas occidental y musulmana.
No escribo ficción para explicar, por motivos utilitarios. No es lo que me impulsa a hacerlo, aseguró, recalcando que no era un escritor encerrado en una torre de marfil.
La literatura no es poder. La literatura es para comprender la dicha de estar vivo, contar con palabras el placer de ver y de ser, explicó.
Con talante seductor y sentido del humor, Pamuk dedicó su conferencia de prensa a hablar de literatura, esquivando las cuestiones políticas y las preguntas tendenciosas de algunos profesionales de la información.
Un periodista sacó a relucir el tema de Knut Hamsun, un escritor apreciado por Pamuk durante su juventud, recordándole que el novelista noruego, pronazi, obsequió su medalla del Nobel a Joseph Goebbels, jefe de la propaganda del Tercer Reich.
Yo se la voy a dar a mi hija, respondió Pamuk, desatando risotadas entre la concurrencia.
Su única mención de la política fue para expresar su tristeza por el estado de las relaciones entre Turquía y la Unión Europea (UE).
Desgraciadamente, desde hace unos dos años, el entusiasmo (sobre la eventual entrada de Turquía en la UE) desaparece entre Europa y Turquía, dijo, declarándose en favor de una adhesión de su país al club comunitario.
Sería bueno para Europa, para Turquía y para el mundo entero porque mostraría que no hay choque de civilizaciones, sino una armonía entre civilizaciones, opinó.
Volviendo a la literatura, Pamuk confesó que frente a una página en blanco sigue poniendo en duda sus dotes de escritor. Me atormenta, me aterroriza cuando pienso en los escritores con los que, de alguna manera, compito.
El Nobel no es un peso para él. Trae consigo muy pocos peligros y muchos beneficios. Dije que el premio no cambiará mi vida, pero puede cambiar mis condiciones financieras, afirmó sonriendo.
El galardón incluye un suculento cheque de 10 millones de coronas suecas, o sea más de un millón de euros (1 euro=1,3 dólar).