«Lo importante es que nos atengamos a la investigación y que sepamos qué fue lo que pasó y se deslinden responsabilidades», dijo anoche Daniel Karam, director del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
La guardería ABC, ubicada en una calle sin asfalto del sur de Hermosillo, capital de Sonora, se incendió el viernes pasado dejando hasta ahora 42 niños muertos y 33 hospitalizados, de los cuales 11 se encuentran aún en peligro de muerte, todos de menos de 4 años.
El funcionario había dicho el sábado que de acuerdo con la última evaluación la guardería cumplía con las condiciones de seguridad, pero ayer matizó al decir que las autoridades municipales fueron las que avalaron ese reporte realizado el 26 de mayo.
Según versiones de la prensa local, el Seguro Social mexicano habría concesionado la guardería a tres empresarios, una de los cuales sería pariente de la primera dama de México, Margarita Zavala.
«Desconozco si hay algún parentesco» del dueño con Zavala, sostuvo Karam en una conferencia de prensa ayer.
«No somos tapadera de nadie, somos los más interesados en que se llegue al final de las investigaciones», añadió Karam, designado por el presidente Felipe Calderón como su enviado en el lugar de la tragedia.
Las guarderías del IMSS son una prestación social que el estado mexicano ofrece a las madres trabajadoras y, en algunos casos, como el de ABC, son concesionadas a particulares.
El inmueble, un espacio tipo galpón de unos 150 metros cuadrados, albergaba a 123 niños al momento del incendio –una cifra que fue precisada el domingo– y sólo tenía una puerta de emergencia que no fue abierta el día del accidente.
Además, sólo cuenta con cinco pequeñas ventanas en la parte alta del muro, y tiene un techo de dos aguas construido con láminas.
La falta de acceso obligó a un joven a tirar parte del muro lateral con su camioneta para poder sacar a los niños, que fueron rescatados por vecinos, padres de familia y trabajadores de una gasolinera que se encuentra enfrente de la guardería.
En el interior había paredes de tablaroca y muebles de materiales sumamente inflamables, que una vez extendido el fuego provocaron una lluvia de gotas de plástico derretido sobre algunos de los pequeños indefensos, muchos de los cuales aún no caminaban.
La mayoría de los menores no sufrió las voraces llamas, pero sí fueron víctimas de los gases altamente tóxicos, reconoció Raymundo López, secretario de Salud de Sonora.
«La intoxicación por humo es básicamente por los plásticos que se tienen tanto en el polietileno, como los falsos plafones que es un compuesto de asbesto» (considerado material nocivo para los pulmones), explicó López.
«Mi sobrina murió, pero no se quemó, se asfixió, la encontraron sentadita, encogidita en una esquina», dijo la tía de una de las menores que ayer fue enterrada en Hermosillo, donde los cortejos fúnebres llenos de flores, globos y muñecos desfilaron por la ciudad en un entristecido ambiente.
Hasta ahora las autoridades no han precisado cuántas personas se encontraban a cargo de los niños el día del incendio o si la guardería cumplía con la norma sobre la cantidad de cuidadoras que debía tener, y tampoco se sabe si había extintores, ni cuántas alarmas estaban dispuestas y si funcionaron.
«Ese es otro de los aspectos que tendrá que arrojar la investigación», concluyó Karam el domingo.
El número de niños que murieron en un incendio en una guardería de la ciudad mexicana de Hermosillo (noroeste) se elevó a 43 luego de confirmarse la muerte de otro menor, informó hoy en una entrevista televisiva el gobernador del estado de Sonora, Eduardo Bours.
«Hasta ahora, el reporte es de 43» niños fallecidos, «la mayoría han muerto por intoxicación, pocos por quemaduras», dijo en declaraciones a la emisora televisa el gobernador Bours.
Explicó que de las primeras investigaciones se desprende que el personal de la guardería se percató del siniestro hasta cuando éste era prácticamente incontrolable ya que el humo proveniente de la bodega donde se originó el incendio no había pasado aún a la zona donde estaban los menores.
«Se cayó el techo en su totalidad casi de golpe, no hubo aviso. El humo estaba por encima del paso plafón, no se dieron cuenta», añadió Bours.
El incendio se registró el viernes durante la hora de la siesta de los niños que quedaron atrapados entre el humo y las llamas que devoraron los pequeños colchones de cunas y camas altamente inflamables.
En ese momento, en la guardería había 142 menores y algunos de ellos murieron al derribarse el techo en el área de cunas.
El inmueble era un gran bodegón antes de ser una guardería que cuidaba sobre todo a niños pobres, ubicada en una calle sin asfalto y que tenía sólo dos puertas, una de las cuales nunca se abrió. Además contaba con sólo cinco ventanas en lo alto de sus muros.