EN Mí‰XICO, MARíA ABARCA Y SU HIJA RESURRECCIí“N


Marí­a Abarca, madre soltera, bautizó a su hija con el nombre de Resurrección porque la dio a luz un Domingo de Resurrección y porque debido a una trascendental decisión suya, su hija es, para ella, un milagro de resurrección.

Dr. Carlos Pérez Avendaño

Es que Marí­a Abarca, joven estudiante de medicina, cuando tení­a 18 años enamoró locamente de un músico roquero que la embarazó y luego la abandonó.

Marí­a Abarca se imaginaba lo que se avecinaba de parte de sus padres y hermanos, la vergí¼enza ante sus compañeros universitarios, y la incertidumbre de su futuro, ya que como madre soltera no podí­a culminar sus estudios.

Como es natural, Marí­a pensó que una solución serí­a abortar, algo que, dada su condición de estudiante de medicina no se le dificultarí­a mucho.

Pensó entonces acudir a una de esas clí­nicas con nombres eufemistas en pro de no sé qué, donde se practican asesiabortos utilizando la más alta tecnologí­a. Es más, habiendo recibido clases de un médico abortero que trabajaba en esas clí­nicas, podrí­a hablarle para que la ingresara con un nombre ficticio y él mismo ejecutara el asesinato de su hijo.

Sin embargo, el solo pensar en deshacerse de su hijo le hací­a sentirse indigna y traidora. Es que esas tentaciones que revoloteaban en la cabeza de Marí­a se enfrentaban con aquellas otras sólidas creencias que en el curso de sus estudios y prácticas, sobre todo en Embriologí­a y Bioética Reflexiva, ella albergaba en su mente y en su corazón. Marí­a habí­a llegado así­ a comprender que desde el momento en que se fusionan, en que se ligan un espermatozoide con un óvulo se inicia la existencia de un nuevo homo. Ella sentí­a la presencia, en su vientre, de su hijo niño.

Marí­a la estudiante de medicina habí­a llegado a comprender, y así­ lo sentí­a, que la vida es una sinfoní­a interpretada por maestros músicos que con sus instrumentos conforman una orquesta impresionante que es un genoma presente en su matriz. Marí­a estaba convencida de que esa orquesta conformada por 70 mil maestros instrumentos, que son los genes, 35 mil genes espermatozoide y 35 mil genes óvulo que, al unirse hacen surgir música sinfónica que es vida. Marí­a podí­a ver ese preciso momento en que se ligan, y que chocan, así­ como chocan uno con otro los platillos y las baquetas con los trombones, y puede ella oí­r la interpretación de una sinfoní­a que es la sinfoní­a de la vida con su obertura y su finale. El de ella estaba interpretando el preludio o ya, talvez, la obertura.

Ella lo comprendí­a y lo sentí­a en su vientre y, lograba escuchar la música de su recién concebido. Decidió no matarlo.

Marí­a allá en México, dio a luz a su hija a quien le puso por nombre, Resurrección. Ahora, Resurrección, la hija milagro, de rodillas, le da las gracias a su madre por haberla dejado vivir.