Al margen de los resultados de las elecciones en México lo trascendental es que la juventud despertó de su letargo, sobre todo estudiantes de universidades privadas, es decir, de jóvenes de uno y otro sexo que pertenecen a las clases privilegiadas que habían permanecido ajenas, indiferentes, insensibles a la angustiosa realidad de un país, que, como casi toda América Latina, se debate silenciosamente entre una minoría que lo posee todo y la mayoría que subsiste precariamente, especialmente las clases más abandonadas que carecen de lo indispensable para encarar una existencia que naufraga en la miseria y el abandono.
El detonante del amanecer de la juventud mexicana en términos generales, empero, no han sido las inequidades abismales entre la oligarquía y las masas, sino la desinformación del duopolio compuesto por Televisa y TV Azteca, conjuntamente con radioemisoras y diarios impresos favorables a la candidatura de Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional, al ocultar la corrupción que acompañó a su gestión de gobernador del Estado de México, adyacente a la capital de esa nación, y cuyos recursos, según lo investigado y publicado documentalmente por el diario británico The Guardian, han sido utilizados parcialmente para financiar su campaña y engrosar el capital de Televisa; aunque, cae de su peso, esta empresa lo ha negado.
Como lo resumí el sábado anterior, cuando el candidato del PRI se presentó en la Universidad Iberoamericana donde están matriculados jóvenes de familias acomodadas, fue abucheado por un vociferante grupo de estudiantes que Televisa y diarios impresos calificaron de “infiltrados”, negando su calidad de alumnos. Estos reaccionaron de inmediato y 131 de ellos se identificaron con sus carnés de estudiantes de la Ibero, como se le conoce a esa academia de élite de la capital mexicana.
Allí se prendió la llama de inconformidad de un extendido movimiento juvenil bautizado como “#YoSoy132”, que planteó como demanda inicial la democratización de los medios de comunicación, para evitar informaciones político-electorales sesgadas a favor de un candidato, en este caso Peña Nieto; además de reclamar elecciones límpidas, para evitar un fraude similar al de 2006, que fue inútilmente repudiado.
Este movimiento de protesta pacífica ha tomado auge y se autocalifica de apartidista, pero no apolítico, aunque es obvio su rechazo a Peña Nieto, por lo que este político representa, y se han registrado movilizaciones en todo el vecino país, bajo el liderazgo de estudiantes de universidades públicas y privadas y con el acompañamiento de jóvenes y adultos obreros y campesinos que persiguen un cambio democrático en las injustas estructuras económicas de México, además del objetivo inicial que ya lo han alcanzado relativamente.
En sus albores, la “Primavera Mexicana” como muchos denominan a ese movimiento social registró su más reciente y multitudinaria manifestación el domingo 10 y se escenificó en 50 ciudades, donde más de cien mil personas demandaron transparencia electoral en un aniversario emblemático: la matanza estudiantil del mismo día de 1971 en el Distrito Federal.
Como lo señaló uno de sus dirigentes, ese movimiento trascenderá las elecciones, sea quien fuere el triunfador, para que la juventud mexicana asuma su responsabilidad de liderazgo por un cambio pacífico y determinante.
(El corresponsal Romualdo Tishudo pregunta a un político chiapaneco del PRI:-¿En dónde se da más café en su Estado? El líder replica: -En velorios, rezos y cafeterías).