En las entrañas del ilícito


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La declaración del presidente Otto Pérez con respecto a la despenalización de las actividades relacionadas con el ilícito de las drogas, ciertamente ha abierto el debate sobre una de las más conocidas formas que se plantean para enfrentar el narcotráfico.

Juan José Narciso Chúa

 


Dicho planteamiento se sustenta en una lógica económica, en términos que al no castigar la producción, el tráfico y el consumo; los precios de la droga bajarían considerablemente, con lo cual se conseguiría una reducción significativa de los hechos violentos que propicia el trasiego de la droga, en función de evitar que se confisque por autoridades, así como implica disminuir el pago de elevadas sumas de dinero para asegurar su movilización y almacenamiento, previo a su distribución para el consumo.

En todo caso, es conveniente precisar que despenalizar significa eliminar los delitos relativos al denominado narcotráfico, lo cual implicaría que las personas vinculadas con las diferentes etapas,  ya no tendrían que preocuparse por los delitos conexos a este ilícito y con ello no solo producir, sino transitar sin la presión de las autoridades antinarcóticos, con ello el precio unitario de la unidad de medida de la droga caería significativamente.

A partir de este último efecto, entonces lo que se propiciaría sería un incremento considerable de la demanda de droga, pues el abatimiento de su precio contribuiría de una mayor demanda, con lo cual el consumo se incrementaría notablemente, esperando que este comportamiento mantenga una tendencia ascendente, hasta que llegue a su punto de inflexión más elevado, para que a partir de ahí inicie un proceso de reducción paulatino, para finalmente quedarse a un nivel de precio y consumo relativamente bajo y entonces se conseguiría un punto de equilibrio, en el cual se establezca una relación de mercado.  Sin embargo, todo este proceso expresado en términos estáticos,  no permite precisar cuántos años duraría el mismo para alcanzar su punto de equilibrio y es donde aparece la carga social más apremiante, pues durante este período de tiempo se adentrarían en el mercado del consumo una cantidad impresionante de personas –principalmente jóvenes (hombres y mujeres) y niños–; es decir, el efecto consiguiente tiene un referente en materia de los efectos sociales negativos, que significarían la creación de un mercado de consumo de personas jóvenes y niños.  Más allá de este primer efecto, se debería sumar los efectos perniciosos en lo social, medido en término de muerte prematura de los nuevos consumidores, debido a los resultados de sobredosis o efectos secundarios de la droga en las personas.

En resumen, se tendría que hacer una evaluación de mayor análisis más allá de esta nota, en términos de lo que significaría la reducción significativa de la violencia y sus efectos colaterales, que son altamente perniciosos para una sociedad.  El mercado de la droga presenta de inmediato las siguientes características negativas.  Primero, se propicia un modelo de comportamiento que lleva como símbolo inmediato el enriquecimiento rápido y, relativamente, fácil; segundo, se profundiza el esquema de la violencia como una forma de vida que produce status, pero que conlleva también el irrespeto total de la vida de cualquier ser humano; tercero, se infectan personas, autoridades, jueces, policías, funcionarios; así como de instituciones y empresas; entidades de gobierno; empresas financieras, bancos, constructoras y otras que permitan el proceso de blanqueo o lavado de dinero como los espectáculos, las iglesias y otras similares; cuarto, se produce también un fenómeno que cala mayormente en otra de las expresiones de las operaciones ilícitas en el país: la corrupción.  Estas dos figuras condensan dos de los fenómenos más lamentables en nuestra sociedad y las expresiones más perniciosas del mercado del ilícito, por sus efectos nocivos en el tejido social, en el tinglado empresarial,  en las instituciones del Estado, pero afecta seriamente en la cultura de valores de una sociedad, pues se trastocan principios morales fundamentales, pues el enriquecimiento ilícito por la vía de la vinculación con el narcotráfico o bien por compartir los enormes dividendos de la corrupción, envía un mensaje equivocado a los ciudadanos, principalmente los jóvenes, en donde se castiga al honrado y se premia al corrupto, pues el primero es bruto por excluirse de cualquiera de las expresiones del ilícito, mientras al segundo, se le considera listo, inteligente, pues su fortuna se acrecienta, no importando el efecto pernicioso en la sociedad.

Como se puede observar, el análisis, la reflexión, la investigación y el debate sobre las manifestaciones más notorias de lo ilícito, todavía demanda mayor tiempo y trabajo, pero se debe iniciar prontamente, pues el tiempo es una severa restricción y nos queda realmente poco.