Se necesita un esfuerzo descomunal para irrumpir en el imaginario colectivo de los guatemaltecos, y derrumbar la cada vez más creciente percepción de que Colom será el próximo presidente de la República. He observado con algún grado de minuciosidad los últimos procesos electorales. Comparto la preocupación de las personas aglutinadas en el «Observador Electoral», respecto de las debilidades que por ahora sobresalen desde los propios magistrados del Tribunal Supremo Electoral y otras obstinaciones que en breve se manifestarán, como indicios de una debilidad a la democracia electoral que se ha vivido en los últimos seis procesos electorales, incluyendo la elección de los constituyentes. De ello nos ocuparemos en breve.
También hemos expresado en otras ocasiones que hay una característica peculiar de este proceso que le está sumergiendo en un aburrimiento, un tedio pronunciado y una monótona repetición de promesas u ofrecimientos, que está por saturar al potencial elector y que le abruma en la indiferencia. Indiferencia que puede traducirse en un ausentismo el próximo domingo 9 de septiembre, pues si a ello agregamos que de pronto se presenten unas fuertes lluvias en el territorio nacional, las condiciones previas y las prevalecientes estarán dadas para la no concurrencia a los centros de votación.
Esta atmósfera de reiterada repetición de promesas es lo que está llevando al proceso a un ambiente plano, latoso y simplista.
En Guatemala solemos decir «de plano», cuando damos por hecho alguna circunstancia o acontecimiento. Recuerdo los eventos electorales de la Democracia Cristiana, con Vinicio Cerezo en 1984. Un hotel de la séptima avenida de la zona 9 era el favorito de las actividades. El finado Jorge Carpio irrumpió con vigor e innovación. Pero más o menos desde julio de ese año, se «sentía» que «de plano» Cerezo habría de ser el ganador. Con Serrano ocurrió más o menos lo mismo, pero fue hasta septiembre de 1990, luego del célebre programa televisivo en el que «derrotó» al entonces presidente Cerezo.
En 1995, la ola panista y su «responde» quedaba muy pareja frente al advenimiento de un Portillo, que por poco quita el «de plano» que se impuso hasta en la segunda vuelta y así Arzú llegó a la presidencia. 1999 anticipó el «de plano» eferregista alrededor del mes de junio. Y fue totalmente imbatible cuando el entonces aspirante Berger prácticamente declinaba en noviembre y posicionó en definitiva Portillo.
En 2003 con el apoyo casi generalizado de los medios de comunicación social, el «de plano» alrededor del ahora presidente Berger, se logró imponer hasta finalizado septiembre. Ahora está ocurriendo que se percibe un «de plano» en torno de Colom desde este mes, sin los beneplácitos de la prensa y por el mérito de una maquinaria partidista cada vez más sólida y numerosa. Las múltiples simpatías que está despertando inclusive en el área metropolitana, la principal debilidad hace cuatro años y la más pronunciada derrota de Portillo hace ocho. Permiten anticipar una tendencia que podría ser un rompe paradigmas: quizás por primera vez tengamos una sola vuelta electoral.
La encuesta publicada hoy por el matutino Siglo XXI da cuenta de ello. Con un poco de más imaginación de sus estrategas, la cadenciosa pronunciación del Ingeniero, la expresión reflexiva y la casi ausencia de impulsivos abruptos, podría imponerse y dar una sorpresa contundente. Continuará. wdelcid@intelnet.net.gt