Vuelvo a llamar la atención sobre esas actitudes electoreras que estamos hartos de observar en nuestra querida Universidad de San Carlos. Y ahora pareciera que realmente los excesos van más allá, lindando en lo ridículo y en un total mal gusto. Me refiero específicamente a las mantas publicitarias que en tamaño exagerado ahora han traspasado el campus universitario y han llegado hasta el perímetro mismo de la ciudad. Y es de esperar, viendo estas ridiculeces, aún más excentricidades que denotarán una vez más, la rústica y dañina manera de entender la política universitaria: propaganda, imagen, manipuleo, componendas, compromisos y demagogia.
El Consejo Superior Universitario debería velar por la limpieza de los procesos electorales dentro de la Usac. Poner un límite a los gastos destinados a la propaganda y limitar también los procedimientos propagandísticos. En todo caso, lo mejor sería que se potenciaran los debates académicos e ideológicos y prohibir terminantemente los excesos que son perjudiciales por todo lo que moralmente conllevan y por el mal ejemplo e imagen que proyectan, tanto a estudiantes como a la población en general.
Tanto recurso invertido en propaganda y tanto tiempo robado a la academia, insta a la sospecha que los verdaderos intereses de los candidatos no están en la Universidad, sino en ellos mismos. El poder que se traduce en trampolín y en consolidación de círculos de poder dentro de la universidad para alcanzar objetivos totalmente ajenos a los fines de la institución, antes que hacerla crecer, la disminuyen.
¿Cuándo lo entenderán los politiqueros?