A propósito de la celebración del Día de la Madre, y en vista de que estoy padeciendo de severa jaqueca, como para exprimirme el coco en búsqueda de un tema, ubiqué en mi archivo cibernético un mensaje relacionado con las madres, precisamente, que comparto con ustedes, siempre que no sean muy exigentes en sus apreciaciones.
eduardo@villatoro.com
El relato fue escrito en primera persona por una madre latinoamericana, y de ahí que el escenario se ubicaría en cualquier país del área, incluso hasta podría ser Guatemala, pero se descarta porque en nuestro país las circunstancias son distintas. Dice así:
Un día fui a obtener una licencia de construcción a la Municipalidad de mi ciudad, porque mi marido estaba ausente, en viaje de negocios. El empleado que tomaba los datos me preguntó cuál era mi profesión u ocupación. No supe como clasificar o calificar el trabajo que realizo como madre, por lo que dudé en responder.
Al percatarse de mi turbación y que no contestaba de inmediato a su pregunta, repuso ácidamente: -Me refiero a que si usted en realidad trabaja o simplemente es una…
Presumí que iba a decir «ama de casa», por lo que lo interrumpí: -¡Claro que tengo un trabajo; soy mamá! El burócrata me miró con lástima mal disimulada y me dijo: -No podemos anotar «mamá» como ocupación, así que voy a escribir lo usual, es decir, ama de casa.
No le puse mayor atención a ese caso y casi se me había olvidado el incidente, hasta que en otra ocasión me volvió a suceder exactamente lo mismo, en una oficina de la Supervigilancia de Asuntos Tributarios -SAT-, en la que yo debía realizar determinado trámite.
Una señorita bien acicalada, segura de sí misma y que tenía sobre su escritorio un letrero que decía «Atención al público», después de un breve intercambio de saludos, me preguntó: -¿Cuál es su ocupación?
Hasta el momento no sé qué me hizo contestarle lo que leerán en seguida, pero lo cierto es que las palabras simplemente salieron de mi boca: -Soy Investigadora Asociada al Campo del Desarrollo Infantil y Relaciones Humanas.
La investigadora se detuvo. El bolígrafo y la mano derecha con que lo sostenía se quedaron congelados en el aire, se me quedó viendo fijamente, como si no hubiese escuchado bien mi respuesta o yo no había sido lo suficientemente explícita.
Repetí lentamente el nombre de mi espontánea ocupación, poniendo énfasis en las palabras más importantes, y, luego, observé asombrada la forma como mis pomposas labores profesionales eran escritas con tinta negra en el cuestionario de la SAT. Pero la funcionaria no se quedó con la duda, diciéndome: -Me permite preguntarle- con cierto aire de interés- ¿qué es exactamente lo que usted hace en este campo de investigación?
Con voz pausada le contesté: -Tengo un programa continuo de investigación en el laboratorio y en el campo (¿qué madre no lo tiene?, me dije a mí misma internamente). Estoy trabajando para obtener mi maestría (la familia completa) y ya tengo cuatro créditos (mis dos hijas y dos hijos).
-Por supuesto -continué- que el trabajo es uno de los que mayor demanda tiene en el campo de humanidades (¿alguna madre está en desacuerdo?) y usualmente trabajo 14 horas diarias (en realidad son más? algo así como 24); pero el trabajo tiene muchos más retos que cualquiera otra actividad sencilla, y las remuneraciones, más que económicas, están ligadas estrechamente al área de la satisfacción personal.
Yo diría que se podía sentir una creciente nota de respeto en la mirada y voz de mi interrogadora, mientras completaba el formulario.
Una vez terminado el proceso en la oficina de la SAT y emocionada por mi nueva carrera profesional, me encaminé a mi casa, donde salieron a recibirme tres de mis asociados (as) en las tareas de laboratorio, de 13, 8 y 5 años de edad, mientras que adentro podía escuchar a nuestro nuevo modelo experimental en el programa de desarrollo infantil (un lindo bebé de 9 meses), probando un nuevo programa de patrón en vocalización individualizado.
Y yo me sentí triunfadora. ¡Le había ganado a la burocracia! Había entrado en los registros oficiales como una persona distinguida e indispensable para la humanidad. No era una madre más.
La maternidad, ¡qué carrera más hermosa, especialmente cuando se tiene un título en el Estado!