Aunque sea en volandas, comentaremos hoy en este espacio de LA HORA el delicado como controvertido tema de la pena de muerte.
Ya hemos dicho algo en otras ocasiones respecto de ese extremo castigo tan repudiado por muchos y, a la vez, tan aprobado y exigido por las mayorías de los pueblos de casi todos los países del mundo, sobre todo en los que hay libertad de expresión, especialmente a través de los medios de comunicación independientes.
Bajo la férula de fieros dictadores nadie abre la boca contra las sádicas prácticas patibularias.
Como se sabe, en Cuba; en la Cuba comunista, la aludida libertad de emisión del pensamiento, al igual que las demás de la genuina democracia, están totalmente abolidas. El régimen implantado por Fidel Castro poco tiempo después de haber asaltado el poder destronando al dictador Fulgencio Batista, es de tipo liberticida por excelencia.
En los dominios de fronteras líquidas del castrismo hay libertad pero sólo para alabar la mercancía del citado orden de cosas que ahora se ha visto obligado a abrirse un poco con desgano sin siquiera dar efectividad a los más elementales o mínimos valores del sistema democrático.
Bueno…, lo mismo que en la «ínsula» de masificada población ocurre en otras latitudes. Venezuela va por el mismo camino. Por algo Hugo Chávez Frías ha declarado ser un hijo adoptivo y algo así como la «marraqueta» famosa de otrora y, por añadidura, ni más ni menos, un vocinglero fantoche del desgarbado personaje que retiene el poder detrás del trono?
Dejemos de lado ya las linduras de los liberticidas sureños y caribeños para referirnos concretamente a la pena de muerte, que también suele ser llamada pena capital.
Permítasenos decir, estimados lectores, que por convicción y de corazón, no somos partidarios de que se condene a morir fusilados junto al paredón, en la horca, en sórdidas mazmorras o en las fatídicas salas donde se ajusticia mediante inyecciones letales a reos que han sido sentenciados en todas las instancias en los estados de derecho- por la comisión de delitos de «alto impacto», como suele decirse.
No obstante, lo que dejamos asentado en el párrafo precedente, diremos que ante la situación de rusiente y constante inseguridad que impera en nuestro solar, no protestamos por lo que digan o hagan las autoridades respectiva siempre que actúen con apego a la ley revestida de constitucionalidad.
En Irán; en el Irán de Ahmadinejad, un terrorista-belicista monomaníaco que puede ser capaz de provocar una hecatombe nuclear en el suroeste asiático y en el Cercano Oriente (temerariamente ha amenazado de borrar del mapa al Estado de Israel), hace algunos días fueron ahorcados varios «sospechosos» (¡?!) de haber atentado contra la multitud de personas que asistían a una ceremonia religiosa en una mezquita. Un tribunal los condenó a morir en la horca tras ser sometidos a un proceso sumarísimo que duró alrededor de escasas 48 horas.
Como se ha procedido y se sigue procediendo en el estado iraní procedió hasta hace poco, a la usanza ruso-estaliniana en la ahora desaparecida Unión Soviética, don Fidelio, el eterno mandamás cubano, tras bambalinas.
En este «alegre» patio centroamericano se alzan voces de rechazo a la pena de muerte, pero los individuos que transitan en los peligrosos y malolientes fangos de la criminalidad no se tientan el alma para matar a hombres, mujeres y niños impunemente, incluso a plena luz del día y casi, casi, en las barbas de las fuerzas de seguridad. Unas, tan sólo unas de esas inocentes criaturas vegetan en las cárceles. El papá Estado los mantiene años, muchos años, como engordándolos, si es que no se fugan con la complicidad de sobornables carceleros?
No sólo en Irán se juzga sumadísimamente a los autores de horrendos crímenes, sino asimismo en Arabia Saudita, en Vietnam, en Corea del Norte, en la China comunista y en otros países donde imperan regímenes de gobierno que no se andan con tantos cuentos para reprimir los actos de lesa humanidad y aun los de menor gravedad. ¿Qué dirán los administradores de justicia de todos los rangos de esta pobre Guatemala de la Asunción y de las pomposas ascensiones?