En Guatemala el crimen tiene el control


Esto debe hacernos no sólo reflexionar sino actuar, para impulsar en nuestro ambiente las correcciones preventivas y curativas que la realidad vaya imponiendo, sin complacencias ni disimulos. Todos estamos en alto riesgo.

EDITORIAL DE LA PRENSA GRíFICA DE EL SALVADOR

El caso insólito de la acusación post mórtem contenida en una grabación que hiciera el abogado Rodrigo Rosenberg para ser dada a conocer en caso de ser asesinado, como efectivamente ocurrió, pone la realidad criminal de Guatemala ya en un plano francamente surrealista. En dicha grabación, la ví­ctima, con una frialdad escalofriante, acusa al propio presidente ílvaro Colom, a su esposa y a cercanos colaboradores como los responsables de su asesinato, resultante de su conocimiento sobre dos asesinatos anteriores, todo ello vinculado, según la denuncia, con graví­simos casos de corrupción y lavado de dinero.

El hecho, que en todas sus expresiones linda con lo inverosí­mil, refleja sin embargo un trágico estado de cosas, en el que la mano del crimen va ajustando piezas a partir del evidente desconcierto de la institucionalidad. Es prácticamente imposible sacar, con los datos disponibles, conclusiones definitivas; pero el hecho claro e incontestable es que la criminalidad ha infiltrado profundamente todas las estructuras en el hermano paí­s vecino. Y esto tiene que preocuparnos; más aún, hacernos poner las barbas en remojo.

La impunidad sigue campante, como se ha visto en el caso de los asesinatos de los diputados salvadoreños del PARLACEN. Y ahora, cuando es el mismo Presidente de la República el señalado, no se ve por dónde pueda venir la luz. El caso de Guatemala es dramático y patético a la vez, y deberí­a hacer que todos los centroamericanos unamos esfuerzos de veras, más allá de la retórica trillada, para enfrentar un embate delincuencial que ya ha traspasado todas las fronteras y controles, y domina la situación.

¿Adónde vamos a llegar?

Esta pregunta es la que surge de inmediato cuando se pasa revista a los acontecimientos relacionados con la actividad creciente del crimen organizado en la región, y muy especialmente en el ámbito donde operan las poderosas redes del narcotráfico. Nuestros paí­ses centroamericanos, cuyas estructuras institucionales son tradicionalmente débiles e insuficientes, resultan más que propicios para la expansión del crimen, en todas sus expresiones. Y esto es lo que vemos a diario, con el sobresalto de constatar que los esfuerzos encaminados a la lucha anticriminal se van quedando a medio camino, sin que surjan iniciativas de la dimensión y efectividad indispensables.

Como decí­amos ayer, es indispensable que tanto en lo público como en lo privado se le vayan cerrando todos los portillos a la corrupción, pues una vez que ésta se instala sus metástasis son indetenibles. Y, en el plano más social, nuestras comunidades nacionales están necesitando alguna especie de cruzada por la honradez, que es uno de los valores básicos de los que desafortunada y sintomáticamente menos se habla.

Lo que está pasando en Guatemala parece, desde hace ya buen rato, un juego de sombras que se sale cada vez más de los marcos de cualquier comprensión normal. Esto debe hacernos no sólo reflexionar sino actuar, para impulsar en nuestro ambiente las correcciones preventivas y curativas que la realidad vaya imponiendo, sin complacencias ni disimulos. Todos estamos en alto riesgo.