Esta mañana el abogado Álvaro Castellanos Howell analiza lo que está ocurriendo en la disputa entre el Ejecutivo y el Legislativo con los dimes y diretes que impiden el debate necesario de cuestiones como las leyes para buscar la transparencia. Y termina su artículo diciendo: “Ministros y diputados, por favor, demuestren seriedad y amor a la patria. Sinceramente no creo que sea mucho pedir, ¿o sí?”
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La seriedad y el amor a la patria hace rato que no forman parte de las cualidades y atributos de quienes llegan al Congreso y tampoco son una prioridad para muchos que ocupan cargos en el Ejecutivo. Desde que las curules tuvieron precio y para aspirar a una de ellas había que poner pisto para sufragar los gastos de campaña, el papel fundamental de cualquier diputado es recuperar su inversión. Atrás quedaron los tiempos en los que guatemaltecos preocupados por el país se convertían en representantes al Congreso de la República para desempeñar papeles decorosos y constructivos, actuando precisamente con esa seriedad y amor a la patria que Álvaro les pide a los actuales. Eran tiempos en los que no se soñaba con un diputado que planteara la extorsión como rutina, poniendo precio a su voto o, peor aún, inventando proyectos de ley para ir a chantajear a los sectores afectados para “detener la iniciativa”.
Y por el otro lado, las contradicciones que hay sobre el tema del sobreprecio de las medicinas son burdas y únicamente confirman que en ese negocio han hecho micos y pericos aprovechando el argumento de “criterios técnicos” que enredan las resoluciones y apañan los trinquetes. Pero nadie mueve un dedo, ni los interpelantes ni en el Ejecutivo, para deducir responsabilidades a las juntas calificadoras. No basta decir que fueron integradas por el gobierno anterior, sino que hay que escarbar y ver si entre tantos millones nos dieron gato por liebre.
El problema está en que el Legislativo tiene una función de control que se desvirtúa cuando entra en juego el vicio de la compra de votos, de la extorsión y el chantaje que tiene en el Listado Geográfico de Obras un medio de pago. Las interpelaciones tienen que ser concretas y al grano para ser efectivas, pero cuando se convierten en obstáculo para el trámite de la agenda legislativa, se prostituyen y pervierten.
Hace dos días yo decía que este escándalo que hay en el Congreso no me escandaliza, valga la redundancia, porque apenas si es una mancha más al tigre; hace años que venimos en una situación tan lamentable que no parece tener remedio. Comparado con lo que hoy vemos, las huestes de Obdulio Chinchilla Vega y sus propias actuaciones quedan como acciones de estadistas, porque al fin y al cabo, con chantajes y lo que fuera, hacían política, mientras que ahora la extorsión se ve como el logro final, el objetivo esencial. Los depurados de aquellos años eran niños de teta comparados con lo que ha ido llegando y estoy convencido de que cualquier esfuerzo serio por mejorar al país, incluyendo las leyes en busca de la transparencia, quedarán diluidas porque el gato no se pone el cascabel a sí mismo.
Yo creo, Álvaro, que se te fue la mano pidiendo tanto cuando hay tan poco que dar. Guatemala realmente necesita de gente que actúe con seriedad y amor a la patria, pero hay que notar que esos no abundan y, sobre todo, fueron desplazados de la escena política cuando la misma adquirió categoría de patente de corso en la que se compran los derechos para esquilmar al país. En estas circunstancias no es que sea mucho pedir, sino que es mucho soñar. ¿No crees?