En esta época en que espiar está de moda


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Cada día salen a luz más detalles sobre la forma en que son espiados hasta los más altos líderes de distintas naciones que se someten al escrutinio de las agencias de seguridad de Estados Unidos, encargadas de husmear no sólo en las comunicaciones de potenciales enemigos que podrían significar riesgo de algún atentado contra intereses vitales de ese país, sino también a sus propios aliados o a mandatarios de países que difícilmente se podrían situar en el contexto de las amenazas hacia la seguridad interna de Estados Unidos, como pueden ser los presidentes de Brasil, Francia o México, para citar apenas algunos de los casos más destacados.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Vivimos en un mundo que depende cada día más de las comunicaciones que facilita la tecnología moderna y no nos damos cuenta que así como avanzan los instrumentos para facilitar el contacto con otros seres humanos, también avanza la forma de penetrar hasta lo más privado de la información de cada individuo.
 
 Eso pasa no sólo con las agencias ultra especializadas del espionaje norteamericano, sino también a nivel un poco más rústico con los grupos que en países como el nuestro pueden penetrar los sistemas de comunicación de las personas particulares.
 
 Esta semana se comunicó conmigo el colega Eduardo Villatoro, el conocido como Guayo Villatoro y no como Guayo Cano, para comentarme que desde hace varios días está siendo víctima de algún tipo de acoso en sus comunicaciones vía teléfono celular. Le parece muy extraño, dice el columnista de La Hora, que las dificultades empezaran precisamente al día siguiente de que publicó un artículo muy crítico sobre la situación que se vive en la Corte Suprema de Justicia. Guayo denunció que los “operadores políticos” del gobierno han estado reuniéndose con magistrados del grupo de los 6, como se conoce a los que impulsan la candidatura del magistrado Luis Pineda Roca e inmediatamente después empezó a tener dificultades porque todas las llamadas desde y hacia su celular “sonaban raro”, con notables interferencias que eran notadas no sólo por él, sino por sus interlocutores.
 
 Pensando inocentemente en alguna falla técnica, fue con aparato y todo a la empresa que le presta el servicio y le dijeron que el celular está en perfectas condiciones y que la línea no tiene ningún daño, lo que le hizo afianzarse en la idea de que alguien estaba de shute escuchando lo que habla. Y es que en eso de las escuchas hay de todo, desde los aparatos y sistemas más sofisticados que no permiten al espiado suponer que le han pinchado su teléfono, hasta los más burdos que hacen obvio el espionaje. El caso es que Villatoro se quedó sin servicio durante algunos días y hasta que la línea cobró vida nuevamente, en forma igualmente misteriosa a cuando quedó muerta.
 
 Guayo cree que puede haber habido algún despistado espía que por controlar las comunicaciones de Eduardo Villatoro Cano, el ya célebre Guayo Cano, haya pinchado el teléfono incorrecto. Sin embargo, le sorprende la “coincidencia” de que todo haya empezado justamente cuando publicó que los operadores políticos del gobierno tenían reuniones, que algunos consideran muy “fructíferas”, con los magistrados que conforman la minoría del pleno, pero con todo y eso han logrado el propósito porque al impedir la elección de Presidente de la Corte, aseguran que esa función sea desempeñada por el magistrado Erick Álvarez, a quien Guayo llama el londinense, tal vez por su viaje a Brasil acompañado de una patoja llamada Londi.
 
 La verdad es que ni Guayo ni nadie puede hablar babosadas por teléfono porque allí donde hay dos hablando, un tercero está metiendo su cuchara