En espera de decisiones del presidente Colom


Hace muchos años coincidí­ en el mostrador de una vieja gasolinera de San Marcos con un médico con quien nos conocí­amos de vista. Mientras esperaba mi turno para pagar el combustible que habí­a adquirido, al responder a una pregunta del propietario del establecimiento, el facultativo dijo que no estaba enterado de un asunto especí­fico de interés general, porque no leí­a periódicos «por salud mental».

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

Era una indirecta hacia mí­, pero como la conversación no era conmigo guardé silencio. Cuando el médico se hubo marchado, el dueño de la gasolinera me preguntó qué pensaba acerca de la respuesta del galeno, y me limité a indicarle que él tení­a la libertad de enterarse de las noticias por los medios impresos o de no hacerlo, al igual que cualquier persona que, contando con los recursos necesarios, podí­a optar entre consultar a un médico sobre determinada y grave enfermedad que le aquejara, o decidirse a sufrir las consecuencias.

Traigo a colación esa anécdota porque, durante este perí­odo de crisis nacional y mundial, hay dí­as que no tengo deseos de enterarme de la información que anuncian en sus portadas los diarios, pero no apelando a la supuesta «salud mental», sino porque me golpea la impotencia de no poder contribuir en alguna medida a la solución de los graves problemas que se divulgan masivamente.

La tarde del lunes anterior, por ejemplo, cuando recibí­ La Hora, a las tres de la tarde, nuevamente sentí­ esa extraña mezcla de sensaciones de frustración, desasosiego e iracundia, «Vienen 8 vuelos con deportados» decí­a el titular principal, acompañado del cintillo «Para esta semana se tiene previsto que aterricen ocho naves repletas de guatemaltecos detenidos en EUA».

De inmediato pensé en la desolación de los compatriotas que habí­an puesto todo su empeño para emprender una aventura migratoria que les pudiera proporcionar el dinero necesario para satisfacer sus necesidades y enviar dólares a sus familias, también para enfrentar los desafí­os ingratos de la vida. ¿Qué podrán venir a hacer a Guatemala?, me pregunté interiormente.

La primera plana de La Hora contení­a otra noticia acompañada de la fotografí­a de un autobús abandonado. «Siguen matando pilotos» indicaba el fulminante titular. A la par, la fotografí­a de la diputada Nineth Montenegro ilustraba la información proporcionada por esa diligente legisladora respecto a que diez instituciones del Estado cuentan con fondos privativos por más de Q8 mil millones, y que de esa cantidad se ignora en qué bancos se encuentran invertidos más de Q6 mil millones y medio, en tanto que el Ejecutivo insiste en una ampliación presupuestaria.

A la mañana siguiente, Prensa Libre anunciaba en su portada que «Guatemala pasa por (la) inflación más alta en 14 años», con el subtitular «Junio bate récord en alza de precios; impacto se siente en 26 productos de (la) canasta básica». Suficiente para pensar que futuro inmediato depara a los guatemaltecos, especialmente a la clase asalariada y sobre todo los que carecen de ingresos regulares. Luego, la fotografí­a de decenas de personas que atraviesan arriesgadamente las aguas desbordadas del rí­o Motagua, en búsqueda de un resguardo seguro.

Mientras tanto, el vicepresidente Rafael Espada participaba en actividades que se realizaban en España, y el presidente ílvaro Colom no terminaba de desempacar sus maletas para emprender un nuevo viaje al exterior, tal como ha sido su agitada vida de viajero internacional durante los meses que lleva de ejercer el poder.

Por supuesto que el Gobierno nada puede hacer para evitar los desastres naturales, así­ como el gobernante no logró sensibilizar el duro corazón del presidente Bush, para detener las deportaciones masivas de los guatemaltecos indocumentados que viven en EE.UU., como tampoco está en sus manos suspender el incremento de precios del petróleo.

¿Qué es lo que el presidente Colom puede hacer, entonces, para crear fuentes de trabajo, amortiguar la espiral inflacionaria, combatir al crimen organizado incluyendo a los sicarios que dan muerte a los pilotos de autobuses, ordenar que los recursos del Estado se depositen en el Banco de Guatemala para impedir el cobro ilegal de comisiones?

¿Qué puede hacer, presidente Colom, fuera de adherirse a Petrocaribe y sus eventuales beneficios?