En Enade, papeles van y vienen ¿Y resultados?


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Almidonados y compuestos, dos mil criollos se reunieron bajo la convocatoria de un selecto grupo de empresarios pertenecientes a la supercúpula económica y sus satélites, quienes conforman y dirigen Fundesa, en un lujosísimo salón para escuchar al experto Abel Albino, quien disertó sobre la desnutrición infantil y su experiencia en el combate a este flagelo en Calcuta, Europa, África y su país, Argentina.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com


También escucharon a Fernando Vargas, jefe de división del Sistema de Información para el Empleo en Colombia, quien señaló que los planes de Estado deben de cambiarse para mejorar las posibilidades de trabajo, que para mayor productividad se debe respetar los derechos y fundamentos de los trabajadores y así mejorar los ingresos necesarios y elevar la capacidad adquisitiva de la mayoría de los habitantes de un país. Un tercer expositor Jeffrey Puryear, disertó sobre la educación, señalando que es una de las formas de combatir el flagelo del hambre, que la educación se requiere para los jóvenes y niños, para los adultos, que sin ella no se logra la creación de pequeñas y medianas empresas, ni la inversión en industrias tecnológicas.

El principal expositor, por su jerarquía, fue el presidente de México, período 1994-2000, Ernesto Zedillo, quien manifestó “no ha habido un solo paso en países de desarrollo, que haya logrado el despegue de su desarrollo económico sin haber tenido políticas deliberadas para lograr la inclusión social”.

Durante el evento, como lo señalan en sus portadas y principales páginas los medios de comunicación, esta élite empresarial logró que catorce partidos políticos, empresarios y parte de la sociedad civil firmaran un acuerdo nacional para trabajar en el combate a la desnutrición y mejora de la desnutrición. La interrogante que surge es si en los próximos diez años, lo firmado será o no materializado y se convertirá en una verdad o simplemente se tomaron la foto, firmaron, aplaudieron, igual que se hizo con las metas del milenio en Naciones Unidas y ahora que casi concluye el plazo de lo firmado en Naciones Unidas, Guatemala es de las más retrasadas en la reducción a la pobreza.

La experiencia evidencia que tanto empresarios como políticos prometen, firman pero raramente razonan cómo obtendrán el logro de los compromisos y más grave aún, por la concentración de la riqueza y la baja carga tributaria que existe en Guatemala, los acuerdos y compromisos se quedan en papel.

La desnutrición del 46% de los niños menores de cinco años existe en todos los municipios en Guatemala, agravándose, especialmente, en el altiplano, en el corredor seco, donde la falta de ingresos les impide a los padres poder comprar alimentos suficientes para comer lo mínimo al día.

El permanente aumento de los precios de la canasta básica da vergüenza. Cómo justificar que los fideos en Guatemala cuesten Q3.65 la bolsa de 200 gramos y en México cueste menos de Q2.00; que los huevos continúen con el elevado precio de Q39.00 a Q40.00 el cartón y en la frontera y municipios limítrofes con México ese producto cueste Q28.00; que los aceites vegetales comestibles producidos en México tengan mayor contenido y cuesten en promedio 15% menos que los que se venden de la misma marca en Guatemala; que las cajas de cereales tengan igual contenido en calidad y peso pero las que se ofrecen en México y municipios limítrofes cuesten 50% menos. La desnutrición también se combate aumentado los salarios, esperemos que se publiquen todos los acuerdos y así tener testimonio de lo que se han comprometido.
¡Guatemala es primero!