Donde existe un parlamento con casi mula representatividad del pueblo raso, pero en que el poder económico, las compañías extranjeras, los intereses personales e incluso el crimen organizado están demasiado representados.
Donde las balas perdidas encuentran incisivo alojamiento incluso en críos de brazos o en niños que juegan tuero o a las escondidas.
Donde los tradicionales dueños de la situación tienen la (o el) sartén por el mango, saben cómo se mueve la melcocha, dónde les aprieta el zapato, y como tienen más saliva tragan más pinol.
Donde durante el genocidio del siglo XX no únicamente se quitó agua al pez; también quitaron peces (asesinatos colectivos) al agua.
Donde, contrario al resto de Latinoamérica, no aumenta la clase media; más bien los pobres vamos en incremento.
Donde las empresas constructoras (sic) NO están obligadas a tener al menos un ingeniero civil entre su selecto personal técnico – con las consecuencias ominosas que tal “omisión” acarrea en puentes, carreteras, edificios públicos…
Donde la fuga de información no necesita escaparse de forma apresurada ni inadvertida.
Donde el Estado ha sido reducido – privatizado en un ochenta por ciento (80%), en lo cualitativo y cuantitativo, incluidos el no tan honorable Congreso, el señor Ejército y la llamada Administración de Justicia.
Donde muy rara vez a un coche gordo le llega su correspondiente sábado.
Donde honorables magistrados de la venerable corte de Constitucionalidad en demasiados casos se pasan la respetable Carta Magna por el arco del triunfo.
Donde sin las remesas de los emigrantes nuestro mapa (y habitantes) aparecería en la región subsahariana.
Donde a cualquier babosada, nacional o extranjera, los redactores “culturales” llaman ícono, mito, leyenda, de culto (?), carismático, fetiche… y otros humitos de incienso.
(Con la asesoría técnica del consultor Perogrullo Pérez y Pérez.)