A partir de hoy, paso a referirme a algunas cuestiones que, en relación a la Revolución del 20 de Octubre de 1944, son de importancia teórica y práctica. Estas cuestiones son: El Partido y la Revolución de 1944; contenido, carácter, tareas y objetivos del proceso revolucionario; fuerzas motrices y enemigo principal; y, las dos fases de su desarrollo y continuidad.
/ Carlos Gonzáles /
Respecto al Partido y la Revolución de Octubre, durante el II Congreso (11, 12, 13 y 14 de septiembre de 1952), celebrado en forma abierta y cuya clausura constituyó un acto de masas, se decidió orientar a la militancia partidaria a luchar por la profundización del “contenido agrario y antiimperialista, democrático y popular de la Revolución”.
En esa dirección, se acordó impulsar las siguientes seis tareas principales: 1) Luchar por la aplicación de la Ley de Reforma Agraria; 2) el desarrollo industrial del país; 3) la defensa del petróleo guatemalteco y las riquezas mineras de la nación; 4) desplegar la lucha unitaria de los obreros, campesinos y estudiantes por sus reivindicaciones; 5) consolidar la alianza de los partidos democrático-burgueses y el Partido; y, 6) la formación de un frente patriótico nacional como “base de un gobierno más democrático y popular, verdaderamente antiimperialista”. (Huberto Alvarado: Apuntes para la historia del Partido Guatemalteco del Trabajo, páginas 25 y 26).
En opinión de la Dirección del Partido, la Revolución de Octubre de 1944 fue una Revolución democrático burguesa llamada a resolver la contradicción existente entre el feudalismo y el capitalismo. Como consecuencia de que tuvo lugar “en la época del predominio del imperialismo en el país”, al profundizarse “tenía que acentuar su carácter antifeudal y antiimperialista y, en su etapa más avanzada, tendió a tener un carácter nacional”.
Además y oportunamente, se identificó y ubicó a las fuerzas motrices de la Revolución y al enemigo principal. Según el Partido, las fuerzas motrices de la Revolución fueron “las capas medias acomodadas y un sector de la burguesía nacional con el apoyo activo de la clase obrera y los campesinos”. El enemigo principal fue siempre “el imperialismo norteamericano con el apoyo de los terratenientes semifeudales y la burguesía reaccionaria” (Obra citada, páginas 20 y 21).
Los objetivos de la Revolución guatemalteca se fueron concretando a lo largo de dos fases estrechamente relacionadas y, en cuanto a las tareas que cumplieron, las fuerzas motrices que las impulsaron, y el momento y condiciones en que se dieron, cada una de ellas tuvo sus propias características.
Estas tareas y objetivos, en su continuidad y desarrollo se centraron tanto en la lucha por las libertades democráticas y una política social y cultural nacional y popular, como en el desarrollo de un capitalismo moderno, la realización de la reforma agraria, la liquidación del semifeudalismo, el impulso de una política exterior independiente y la lucha contra la opresión imperialista.
En su primera fase, que corresponde al período gubernamental del Presidente Juan José Arévalo (1945-1951), su contenido fue, en general, de corte reformista y se sustentó en los principios y normas contenidas en la Constitución de 1945.
Su segunda fase se inicia el 15 de marzo de 1951, día en que toma posesión de la Presidencia de la República de Guatemala el Coronel Jacobo Arbenz Guzmán. Según lo sostiene el compañero Huberto Alvarado, durante esta fase se plantea convertir al país en un país económicamente independiente, transformarlo en un país capitalista moderno, y lograr la mayor elevación del nivel de vida de las grandes mayorías de la población. (Ídem, página 22). (Continuará)