En el Dí­a del Padre


Luis Fernández Molina

Los tres primeros mandamientos bí­blicos nos imponen las obligaciones básicas, aquellas que se refieren a nuestra relación con la divinidad: amar a Dios sobre todas la cosas, no jurar su nombre en vano y santificar sus fiestas. Los restantes mandamientos, vienen en una escala un poco diferente, norman la conducta con nuestros semejantes. El primero de este segundo grupo es «honrar padre y madre». Pero ¿Por qué? ¿Acaso los hijos no queremos a nuestros padres? ¿Por qué tan inoportuno recordatorio y por qué imponerlo como todo un mandamiento de la ley de Dios? Y resulta que fue el mismo Dios, el que nos creó, el que redactó ese cuarto mandamiento. Nadie como í‰l conocí­a a sus criaturas y la dureza de su corazón y por eso dejó marcada esta norma en las sólidas tablas de piedra que sostuvo Moisés ya que talvez no lo permití­a la dureza de algunos corazones. Curiosamente no existe ningún precepto en todos los textos sagrados que ordene en el sentido contrario: «Amarás a tus hijos». Lo anterior nos lleva a varias conclusiones, la primera, ya dicha, que nuestro Creador nos conocí­a muy bien, luego que dentro del corazón de los padres está sembrado el amor a los hijos como un instinto supremo, mayor aún al de la supervivencia; también debemos aceptar que los hijos pueden ser desagradecidos. Un proverbio árabe dice que un padre puede sostener a doce hijos pero doce hijos no pueden sostener a un padre.

Con todos sus errores y bajezas la humanidad tiene esperanzas porque en su esencia se encuentra ese principio de vida y de amor, que los padres transmiten a sus hijos de generación en generación. Porque los padres viven por y para los hijos y la pérdida mayor que puede soportar el corazón humano es el de un hijo que se va por un tiempo (sino que lo diga el padre del hijo pródigo) o del hijo que se va para siempre. Cuando el que muere es el cónyuge se es viudo o viuda, si son los padres se es huérfano, pero no existe término para describir a los padres que han perdido a un hijo. Acaso se quiere exorcizar el espectro de ese terrible fantasma y por eso ni se le nomina, ni tiene cabida en el diccionario.

Claro que, en este mundo agitado y superficial existen padres que van perdiendo el rumbo, como reclamaba aquella adolescente, que sus padres eran tan pobres que sólo dinero y lujos le pudieron dar. Pero aún padres como esos son conscientes de su error. Hace mucho tiempo, Pitágoras de Samos dijo: «Padres, economizad las lágrimas de vuestros hijos a fin de que puedan regar con ellas vuestra tumba» y el Maestro una vez nos preguntó «Â¿Quién de vosotros (siendo malos) le da una piedra a un hijo que le pide un pan, o una serpiente al que le pide un pez?». Por eso sostengo que la humanidad todaví­a tiene esperanza, mientras los padres entreguen en sus manos a los hijos esa antorcha de luz y la verdad y estos a su vez a sus hijos. Porque con todo lo malo que tengamos (y bien nos señaló Jesús), nos rescata y eleva ese amor por los hijos; podemos dar la vida por ellos pero no podemos vivir su vida, solo podemos orientarla con el mejor consejo que nos haya enseñado nuestra mayor experiencia de vida. Por eso, esta fecha del padre es propicia para acudir a esa fuente y origen de toda paternidad, a ese Padre, al mismo que Jesús invocó en el huerto de los olivos, y luego dos veces en la cruz. Por eso debemos volver los pasos y mirar hacia arriba, hacia esa lí­nea de conducción sucesiva que descendiendo concluye con nuestros padres y en nosotros con nuestros hijos.

Por eso debemos mirar hacia arriba como cuando niños mirábamos a nuestro papá. Por eso, como el mismo Maestro debemos repetir «Abbá», es decir «papito». P.S. Mark Twain, con su caracterí­stico ingenio dijo: «Cuando yo tení­a catorce años, mi padre era tan ignorante que no podí­a soportarle. Pero cuando cumplí­ los veintiuno, me parecí­a increí­ble lo mucho que mi padre habí­a aprendido en esos siete años». ítem más: abusando de mis lectores, por esta única vez, hago un comentario personal y es para agradecer a Dios por el padre que me dio en esta vida y que próximo está por cumplir valiosos 90 años. Gracias a los dos Padres.