En el corazón de la crisis belga


Los polí­ticos flamencos votaron a favor de la controversial ley. (AFP / La Hora)

«En Dilbeek, los flamencos están en casa», dice un cartel en lengua holandesa de la fachada del centro cultural de esta localidad de la circunscripción electoral de Bruselas-Hal-Vilvorde (BHV, periferia de la capital), condensado de la crisis polí­tica que vive Bélgica.


«Somos ciudadanos belgas, no somos extranjeros con respecto a Flandes (norte)», responde de su lado Michel Dandoy, electo de lengua francesa de esta comuna de 40 mil habitantes ubicada en una zona en la que se enfrentan las dos grandes comunidades lingí¼í­sticas del reino y cuya escisión votaron hoy en comisión parlamentaria los partidos flamencos.

«Es increí­ble ser considerado como ciudadanos de segunda clase en su propio paí­s. Nuestra asociaciones no recibe subvenciones, no estamos autorizados a celebrar reuniones en la sede de la comuna», denuncia Dandoy, responsable del único partido de lengua francesa de la provincia del Brabante flamenco que rodea a Bruselas.

En Dilbeek, los belgas de lengua francesa (que representan entre el 15 y 25% de la población), y los flamencos parecen vivir cada uno de su lado.

«No hay muchos intercambios», reconoce Jean Paulis, un ingeniero jubilado de 76 años instalado en Dilbeek desde los años 60. «Si hubiese sabido, nunca habrí­a comprado un terreno aquí­», agrega amargamente.

Luego de más de 40 años en Dilbeek, Jean Paulis reconoce no tener ningún amigo flamenco. Su esposa no habla holandés y va a hacer sus compras en los comercios de Bruselas (donde se habla mayoritariamente francés).

Paulis denuncia las «chicanerí­as administrativas», entre ellas la negativa de los empleados de la alcaldí­a de hablar una lengua que no sea el holandés con los habitantes de la comuna y las presiones contra los comerciantes que tienen sus carteles en los dos idiomas.

El alcalde de Dilbeek, Stefaan Platteau, flamenco descendiente de hugonotes franceses, asegura que esas crí­ticas provienen de una minorí­a de irreductibles «que se niega absolutamente a integrarse y encuentra horrible aprender el holandés».

«Si yo fuera a instalarme en Parí­s, me parecerí­a normal aprender francés», indica.

Según Platteau, la mayorí­a de los belgas de lengua francesa, en particular los jóvenes, «hacen el esfuerzo de adaptarse».

La provincia del Brabante flamenco se ocupa de defender el carácter «autóctono» de la periferia de Bruselas, donde los belgas de lengua francesa de buenos ingresos, o los empleados extranjeros de las instituciones europeas o las grandes firmas, buscan instalarse para disponder de mayor espacio y tranquilidad.

Esta afluencia de no flamencos alimenta la voluntad de los partidos de lengua holandesa de dividir BHV para darle a cada comuna una homogeneidad lingí¼í­stica clara.

BHV reúne 54 comunas: las 19 del conglomerado de Bruselas en las que se habla mayoritariamente francés y las 35 de la provincia del Brabante flamenco que rodean a la capital y se encuentran en las cercaní­as de las ciudades de Hal y Vilvorde.

Pero los belgas de lengua francesa que viven en la periferia rechazan esta posibilidad, ya que perderí­an el derecho de votar por candidatos de su misma comunidad lingí¼í­stica al quedar ubicados en comunas de lengua holandesa.

Polémica ley

Los diputados flamencos votaron hoy en una comisión del Parlamento de Bélgica una ley que reduce los derechos de los belgas de lengua francesa en la periferia de Bruselas, agudizando de este modo la crisis polí­tica que atraviesa el reino.

Este voto en el Parlamento podrí­a enterrar las negociaciones encabezadas por el jefe de los cristiano-demócratas flamencos Yves Leterme, vencedor de las legislativas del pasado 10 de junio, para formar un gobierno de coalición en Bélgica con los partidos cristiano-demócratas y liberales flamencos y de lengua francesa.

Manzana de la discordia entre las comunidades lingí¼í­sticas del reino, la cuestión de la circunscripción electoral bilingí¼e de Bruselas-Hal-Vilvorde (afueras de la capital), conocida como «BHV», se convirtió en el eje de las negociaciones en las últimas semanas.

El miércoles, en una votación en la Comisión de Interior del parlamento belga, los diputados flamencos aprobaron una propuesta para dividir en dos esta comuna ante la ausencia de sus homólogos de lengua francesa, que se oponí­an a la iniciativa y pedí­an postergar la votación para continuar negociando.

Mientras los partidos flamencos reclaman la escisión de «BHV» como condición previa a un acuerdo para forma gobierno con las fuerzas de lengua francesa, éstas denuncian que dividir la comuna significarí­a que 120.000 belgas de lengua francesa que viven en Hal-Vilvorde pierdan la posibilidad de elegir candidatos de Bruselas de su misma comunidad lingí¼í­stica.

Si bien los partidos de lengua francesa disponen de varios mecanismos legales para bloquear durante meses la escisión efectiva de «BHV», varios responsables polí­ticos advirtieron que la decisión de los flamencos (60% de la población) de utilizar su mayorí­a en la comisión parlamentaria serí­a «un acto de guerra» contra toda esperanza de forma gobierno.

«Evidentemente no se puede aceptar que una comunidad belga agreda de manera tan brutal a la otra. Hoy, los flamencos rompen este equilibrio de manera brutal», declaró el diputado de lengua francesa Yvan Mayeur, uno de los parlamentarios que se retiró de la sala de sesión en el momento del voto.

La duración de la crisis polí­tica en Bélgica ha revivido los rumores sobre el fin del reino, impulsado por los ultranacionalistas flamencos y resistido por los unionistas.