En diciembre nace un Niño


Quienes profesamos la fe cristiana, católicos y evangélicos, durante el presente mes, celebramos el nacimiento del hijo de Dios, que en un pesebre, en el pueblo de Belén, vino al mundo para enseñarnos buena parte de lo que es nuestra fe y concluir su vida con el sacrificio que permitió la redención de nuestros pecados, faltas y omisiones.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

Si nos detenemos a pensar, en cada momento, en cada segundo nace un niño; un niño a la semejanza de Dios, un ser humano, un hijo, un nieto, un hermano. Cuántos de esos niños tendrán la oportunidad adecuada de vida, cuántos padres podrán proveerle de la nutrición y alimentación en el seno de su madre para que en el momento que vean la luz tengan el desarrollo fí­sico, el desarrollo cerebral adecuado que les permita, a medida que crezcan, aprender, prepararse y convertirse en adultos en el pleno goce de sus capacidades.

 

Guatemala al igual que la mayorí­a de paí­ses del mundo, es signatario de diferentes convenciones que protegen y estipulan los derechos y también las obligaciones de la sociedad a favor de los niños. Somos un paí­s donde la mayorí­a de sus habitantes son menores de edad y si nos guiamos por la precaria y deficiente información estadí­stica disponible en el paí­s, más del 60% de los niños guatemaltecos viven y crecen en la pobreza y alrededor del 20% de los mismos lo hacen en la extrema pobreza.

 

Eso nos debe llevar a preguntarnos cómo y qué es lo que se debe hacer para que el 60% de los que son los futuros ciudadanos, hombres y mujeres, puedan comer lo suficiente para crecer sanos, puedan recibir una educación que les dé la posibilidad de una oportunidad de vida adecuada. Qué debemos hacer también para que crezcan en salud.

 

Si no queremos que el Estado cuente con los recursos, con los medios para que esa gran mayorí­a de seres humanos, de habitantes de nuestro paí­s, crezcan comiendo, estudiando y gozando de una salud adecuada, a quién le pedimos asuma la responsabilidad, ¿a las iglesias, a las organizaciones de la sociedad civil u organizaciones no gubernamentales, a las fundaciones que llevan rimbombante los nombres que cada grupo le ha querido dar? ¿Estamos dispuestos a pagar los diezmos a alguna entidad que según nosotros sea capaz de enfrentar y de resolver de manera permanente y continuada esos graves problemas?

 

No es un municipio sino son dos terceras partes de los municipios del paí­s donde los niños viven en precarias condiciones. Nuestro paí­s produce lo suficiente, exporta y obtiene suficientes recursos, suficientes ingresos para que todos los niños de Guatemala pudiesen comer los tres tiempos: desayuno, almuerzo y cena al igual que nos preocupamos y velamos porque nuestros hijos y nietos lo hagan.

 

Pero somos capaces de contribuir al Estado, a las municipalidades o a las iglesias, y/o a las ONGs, a las fundaciones, a los organismos internacionales como Unicef, FAO o similares para garantizar que en Guatemala todos los niños, sin excepción, no sufrirán de desnutrición, no sufrirán de falta de oportunidad de educación, tendrán las vacunas y los medicamentos que les garanticen una salud preventiva y una salud curativa para arribar a la edad adulta.

 

La respuesta nos corresponde a todos y cada uno de nosotros. Qué importante, qué impresionante serí­a que los grupos de poder, que las cámaras y asociaciones empresariales, que la sociedad en general y que cada uno de nosotros los adultos en particular pudiéramos comprometernos y garantizar que en Guatemala los niños no tendrán hambre y tendrán garantizada la salud y la educación.Â