En defensa de la humanidad


El actual presidente de Estados Unidos de Norteamérica, señor Barack Obama, nació el 4 de agosto de 1961. Mi paí­s, Guatemala, estaba gobernada por el general Miguel Ydí­goras Fuentes. Estados Unidos, por John F. Kennedy. Siete años atrás, John Foster Dulles, en tanto secretario de Estado, y su hermano, Allen Welsh Dulles, como director de la CIA y, respectivamente, importante accionista y abogado de la United Fruit Company (UFCO), fraguaron y financiaron la intervención a Guatemala.

Ricardo Rosales Román
rosalesroman.cgs@gmail.com

Con la complicidad de un puñado de militares traidores del Ejército guatemalteco, el apoyo de los terratenientes semifeudales de la época, la jerarquí­a católica y el furibundo anticomunismo local, centroamericano y del Caribe, el 27 de junio de 1954 fue depuesto el presidente Jacobo Arbenz Guzmán, elegido democrática y popularmente en 1950. Se interrumpió así­, violentamente, el más avanzado proceso revolucionario, democrático y progresista de nuestra historia. Las consecuencias de la intervención las seguimos padeciendo los guatemaltecos hasta hoy. De aquella sucia operación, muchos estadounidenses de ahora quizás nada sepan o tengan muy poca información y conocimiento. Si así­ fuera, lo cual no lo deseo, la mejor documentación de que se dispone está recogida en La fruta amarga, la CIA en Guatemala de Stephen Schlesinger y Stephen Kinzer, así­ como en Operación PBSuccess de Nicholas Cullather. En la Gloriosa Victoria, Diego Rivera retrata vivamente la semblanza siniestra de quienes planearon y llevaron a cabo infamia semejante. La responsabilidad de la misma corresponde por entero a la administración republicana gobernante. Al pueblo estadounidense lo liberó de toda responsabilidad la generación de entonces. Cuando la intervención estaba en marcha, tuvo lugar en el Madison Square Garden un histórico mitin de solidaridad con nuestro pueblo. Sus participantes desaprobaron la intervención extranjera a mi paí­s e internacionalista y emocionadamente vivaron a Paul Robeson cuando entonó algunas de las más hermosas estrofas de nuestro himno patrio. Por haber sido una decisión acordada en la Casa Blanca por el general Dwight D. Eisenhower y su vicepresidente, Richard M. Nixon, no les será difí­cil comprender y medir los alcances que tiene para un pueblo y un paí­s como el de ustedes, semejante afrenta a un paí­s y a un pueblo como el guatemalteco. De lo que pueden estar seguros es que la esplendorosa esperanza que emerge en la madrugada del 20 de octubre de 1944, no ha sido truncada ni rota ni, menos, destrozada. Sigue viva en el corazón, en la mente y en la lucha diaria de la mayorí­a de nosotros, los guatemaltecos. Continúa vigente y llegará el dí­a en que, de acuerdo a la situación y condiciones de nuestra época, habrá de resurgir con más fuerza y proyección. Será el reencuentro social y popular en el camino a seguir para alcanzar nuestra verdadera independencia y nuestra real e irrenunciable emancipación. Pero no es sólo esto lo que querí­a referirles. Antes y después de 1954, varios gobernantes estadounidenses -demócratas como republicanos-, han urdido las peores patrañas, mentiras y provocaciones a fin de «justificar» sus guerras de agresión y ocupación a otros pueblos y paí­ses. Es lo que ocurrió en Corea y en Vietnam en donde fueron humillantemente derrotados. Es lo que han intentado por más de 50 años contra Cuba y también han sido derrotados. Ocurrió, también, contra Panamá, Granada, la República Dominicana y Haití­. Ya lo hicieron contra Irak y es allí­ donde actualmente libran una guerra que ya perdieron. Lo mismo pasa en Afganistán después de ocho años de derrota tras derrota. En el momento actual, la amenaza mayor que se cierne sobre la humanidad es que el gobernante estadounidense, señor Barack Obama, se decida a desencadenar una guerra nuclear contra Irán o contra la República Democrática Popular de Corea. A quienes estamos por la paz y en defensa de la humanidad, nos corresponde unirnos para salirle al paso a tan siniestros y destructores planes. Desde cualquier trinchera en que nos encontremos, no hay compromiso mayor que adherirnos a la campaña mundial dirigida a solicitar del mandatario estadounidense que no vaya a dar la orden de atacar con armas nucleares a Irán o a Corea Democrática y Popular. A ustedes, hombres, mujeres, jóvenes, adultos y ancianos estadounidenses, fervientes, decididos y convencidos luchadores por la paz, corresponde, igualmente, la tarea histórica de contribuir a que esto no llegue a suceder y solicitar al presidente Obama que no vaya a desencadenar una guerra nuclear. Ello significarí­a acabar de un plumazo con todo lo logrado por valiosos y dedicados hombres y mujeres a la largo de la historia. A la espera de que en Estados Unidos haya alguien que lea la presente, a través de la misma y ante ustedes, dejo constancia de mi adhesión a esta humanitaria campaña mundial. Atenta, amistosa y solidariamente. http://ricardorosalesroman. blogspot.com/