Mi amigo Willy se mostró muy satisfecho de haber ido a votar el pasado 9: «Cumplí con mi deber; pero hasta ahí no más. No voy a volver a echar a perder otro domingo, en la segunda vuelta, porque ninguno de los dos finalistas me simpatiza».
Su determinante decisión me la hizo saber después de contarme que había votado por el ex candidato presidencial Eduardo Suger, y que para alcalde del municipio de Guatemala había optado por Roberto González. O sea que para la Presidencia de la República votó por el abanderado del partido CASA y para la alcaldía metropolitana apostó al candidato de la Gana.
Otro amigo, Rogelio, me contó que como es vecino de Mixco no tuvo dudas en votar por la reelección del alcalde Amílcar Rivera, mientras que para presidente se decidió por el médico Alejandro Giammattei, de manera que marcó en las respectivas boletas los símbolos del Partido Patriota y de la Gana; pero no participará en los comicios de la segunda ronda.
Por supuesto que con estos ejemplos no pretendo demostrar que todos los que votaron por distintos candidatos que no fueron ílvaro Colom y Otto Pérez Molina se van a abstener de concurrir a las urnas el domingo 4 de noviembre; pero similar opinión expresaron otras personas, en el sentido de que ya cumplieron con su deber cívico y que como sus candidatos perdieron en la primera vuelta, ya no acudirán a las urnas en la segunda ronda.
Les he citado específicamente los casos de Willy y de Rogelio porque es el típico ejemplo del guatemalteco que al no estar afiliado a ningún partido político, vota por determinado candidato en la primera vuelta, y si éste pierde, no se preocupa en reflexionar sobre quién de los dos finalistas va a favorecer con su voto, por una parte, y por la otra, que es la más importante, es que no está esperando cuál será la decisión de su derrotado aspirante presidencial, para seguir obedientemente sus instrucciones, consejos o sugerencias.
Inicialmente, Giammattei y Suger se tomaron muy en serio su papel de líderes de gran masa de guatemaltecos, porque el primero declaró que se «sentará a platicar con quien lo busque, para realizar una posible alianza orientada a la segunda vuelta electoral», pero antes se reunirá con los flamantes «Comando estratégico y Comité ejecutivo de la Gana, con el fin de reflexionar y crear una postura fija, para cuando nos pidan formar alianzas». Así fue, y las bases de la Gana quedaron en libertad de votar por Colom o Pérez, aunque no necesitaban esa autorización.
Al parecer, el ex director general del Sistema Penitenciario se recordó de que fue llamado a última hora, para ser designado -que no elegido- candidato presidencial del partido oficial, de manera que su posición en ese colectivo político se debilitó desde el momento en que se conocieron los resultados de la primera ronda.
Fiel a su estilo circunspecto, el doctor Suger, al ser consultado respecto al eventual apoyo a uno de los dos finalistas, fue más comedido al advertir que antes de tomar una decisión de esa naturaleza, solicitará «el plan de gobierno de la Unidad Nacional de la Esperanza y del Partido Patriota, para analizarlos». Y luego, consciente de que no tiene la capacidad de convocatoria como para esperar que quienes votaron por él el domingo anterior acaten sus recomendaciones, señaló prudentemente que después de revisar ambas propuestas «voy a apoyar, a título personal, a alguno de los dos candidatos, y si algún correligionario me pide un consejo, le explicaré los pro y contra de cada uno de ellos» (los candidatos de la UNE y el PP).
Por aparte, me pareció divertido lo declarado en la televisión por el señor Manuel Conde, secretario general y ex candidato presidencial de la minúscula organización Unión Democrática, que sólo por la relativa popularidad de uno de sus candidatos a diputados por Huehuetenango no perdió su calidad de partido político.
La noche del domingo, cuando ya se percibía la victoria de la UNE y el PP, vi y escuché en la TV al reincidente candidato presidencial decir que si Colom o Pérez Molina le piden su respaldo, primero tendría que negociar con ellos, para que tomaran en cuenta su programa de gobierno, y posiblemente la opinión de los 24,820 que optaron por Conde. Ni el 1 % del total.
La tarea de los equipos de Colom y de Pérez, entonces, deberá centrarse en búsqueda de apoyo de los que votaron por otros candidatos, más que pedir el respaldo de los aspirantes derrotados, porque éstos no se quieren arriesgar a ser desairados por los que fueron sus simpatizantes.
(Le pregunté a Romualdo cuál era su opinión acerca del resultado electoral, y me respondió con un aforismo: -El país estaba al borde del abismo, y hemos dado un paso al frente).