Hombres armados con picos y palas, protegidos por gruesos abrigos, recorren el hielo virgen de la Antártida en busca de «piedras» de un valor inestimable, pues se trata de meteoritos y micrometeoritos procedentes de otros mundos.
«El objetivo es hallar polvo de asteroides o de cometas para estudiar los primeros momentos del sistema solar. Es decir objetos que estén lo más cerca posible de los que formaron nuestra estrella hace unos 4.500 millones de años», explica Jean Duprat, cosmoquímico del Centro de Espectrometría Nuclear y de Espectrometría de Masa (CSNSM) del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) francés.
La Antártida ha resultado ser uno de los mejores lugares para la búsqueda de esas piedras procedentes de la Luna, de otros planetas y de asteroides.