En Angola la pobreza mata


Problemas. La desnutrición es una de las principales señales de la pobreza en Angola.

Desnutrición, cólera y tuberculosis hacen estragos en el hospital público de Benguela, la segunda ciudad de Angola, donde casi todos los pacientes padecen alguno de estos tres males de la pobreza, pese a que en el paí­s florecen el petróleo y los diamantes, y tampoco escasean las tierras fértiles.


En un antiguo campamento de barracas militares contaminado con amianto nueve de las diez camas están ocupadas por tuberculosos. La atmósfera es sofocante a pesar de que las puertas están abiertas.

«Todos están desnutridos, su debilidad es la primera causa de su enfermedad», afirma Arminda, la enfermera jefa.

Sin embargo, la zona costera de la ciudad, que se ha librado en parte de la desolación de la guerra civil de 27 años que siguió a la independencia en 1975, está bordeada por espléndidas mansiones que dan fe de la riqueza reservada para una élite: las personas del entorno de los amos del paí­s.

«Son bandidos, se apropian de todo el dinero del petróleo y de los diamantes, los restaurantes, las compañí­as de transporte, los bancos», se queja un miembro de una Organización No Gubernamental (ONG) que quiere permanecer en el anonimato por miedo a represalias.

«El pueblo luchó por la independencia, pero no tiene nada» en el paí­s, que registró en 2006 el mayor crecimiento de ífrica (17,6%).

Aunque el hospital suministra medicamentos, con la ayuda de la ONG Médicos sin Fronteras, así­ como productos básicos, las familias deben comprar las frutas para cubrir las vitaminas.

Esta situación fomentó un sistema paralelo. Frente al hospital provisional, los chinos edifican uno nuevo y abundan los vendedores callejeros de plátanos, naranjas y verduras.

La desnutrición afecta sobre todo a los más pequeños. En el inmueble prefabricado, que acoge la unidad pediátrica, jóvenes madres de mirada ausente velan a minúsculos bebés que se han quedado sin fuerzas para llorar.

Son «maternidades precoces», explica Arminda. Se quedaron embarazadas poco después del nacimiento de un hijo, por lo que no logran amamantar a sus retoños. Todas ellas provienen de los «bairros», los arrabales de chabolas donde vive el 80% de los habitantes de Benguela.

La miseria es menos flagrante que en las monstruosas cabañas de chapa de la capital, Luanda. Las casas son de adobe y más espaciosas, pero se repiten las calles de arena polvorienta que se infiltra en todas partes, la misma ausencia de agua potable, de alcantarillas, de letrinas…

Los desechos se apilan a los costados de las casas. Los niños juegan cerca de agujeros de agua estancada. Los mosquitos pululan. El paludismo, un mal endémico en las 18 provincias del paí­s, mata a 20 mil personas al año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El agua empantanada y la ausencia de higiene favorece el cólera, que ha matado a 3.095 personas desde febrero de 2006.

Esta grave infección intestinal se puede prevenir. Pero «los habitantes de los barrios carecen de medios para gastar su combustible en hervir el agua» contaminada por las deyecciones, afirma Germano Augusto, enfermero de la unidad de aislamiento.

El precio del gas butano está fuera del alcance de la gente que vive con menos de un dólar diario.

Una campaña gubernamental propone usar lejí­a, pero «la gente se equivoca en las dosis», cuenta el enfermero. La OMS ha enviado un equipo de expertos para tratar de erradicar esta plaga.

20 mil personas mueren al año en Angola por el paludismo, un mal endémico registrado en sus 18 provincias.