No estoy diciendo nada extraordinario que no lo hayan expresado y repetido millones de personas en todo el mundo, al aseverar que la súbita renuncia del Papa Benedicto XVI sorprendió a todos los fieles católicos romanos y hasta causó estupor, porque, pese a su avanzada edad, se confía en que disfruta de sus plenas facultades mentales, pese a su deteriorada salud física.
En medio de la oleada de informaciones atinentes a su dimisión y conjeturas en torno a su eventual sucesor, también se incluyen declaraciones que pronunció en momentos especiales, que provocaron reacciones encontradas.
Entre las exposiciones emitidas por el aún pontífice de la Iglesia Católica me llama especialmente a la reflexión el fragmento de una conferencia que dictó en la universidad alemana de Ratisbona en 2006, que es una cita de un emperador bizantino sobre la religión islámica: –“Muéstrame lo que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás sólo cosas malas y deshumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba”.
Por supuesto que esta expresión provocó protestas en países de mayoría musulmana e, incluso, críticos occidentales recordaron la forma como ocurrió la conquista de América, imponiéndose la violencia militar conjuntamente con la religión para subyugar a los aborígenes del Nuevo Continente; conducta que ha sido más que superada con el transcurso de los siglos, y no así argumentaciones y procedimientos islámicos en la actualidad.
A propósito traigo a colación un correo que recibí y cuya autoría se atribuye al sacerdote Rick Mathes, capellán de prisiones de Estados Unidos, quien relata lo sucedido en una sesión de ministros religiosos que prestan auxilio espiritual a prisioneros de penales norteamericanos que lo soliciten, y dice así:
Asistí recientemente a una clase de entrenamiento requerida para mantener mi estatus de seguridad en las prisiones del Estado. Durante la reunión explicamos nuestras creencias un pastor protestante, un imán musulmán y un sacerdote católico, yo.
Me interesaba saber lo que el musulmán diría. El imán hizo una completa presentación de las bases del Islam. Después de las disertaciones hubo tiempo para preguntas y respuestas. Cuando llegó mi turno pregunté al imán: –Por favor, y corríjame si me equivoco, pero entiendo que la mayoría de los imanes y clérigos del Islam han declarado la Yihad (guerra santa) contra los infieles del mundo; de modo que matando a un infiel, que es una orden para todos los musulmanes, tiene asegurado un lugar en el Cielo. Si fuere el caso ¿puede usted darme una definición de infiel?
Sin discutir mis palabras, respondió con aplomo: –Son los no creyentes (en el Islam). Yo repuse: –Deseo asegurarme que le entendí bien. A todos los seguidores de Alá les ha sido ordenado matar a todos los que no son de su fe, para poder ir al Cielo, ¿es correcto? La expresión de su cara cambió y contestó lacónicamente: –Así es. Luego, agregué yo (narra el sacerdote): –Pues bien, señor, tengo un verdadero problema tratando de imaginar al papa Benedicto ordenando a todos los católicos matar a todos los de su fe islámica, o al doctor Stanley (el pastor evangélico allí presente) ordenando a los miembros de su iglesia protestante hacer lo mismo, para ir al Cielo.
El imán quedó mudo. Y continué: –También tengo problemas con ser su amigo, y no así del doctor Stanley, porque usted y sus colegas dicen a sus pupilos que me maten. ¿Preferiría usted a su Alá que ordenen matarme para ir al Cielo, o a mi Jesús que me ordena amarlo para que yo vaya al Cielo y que usted me acompañe?
El imán se limitó a guardar silencio.
(El acólito Romualdo Tishudo cita a Martin Luther King: -O vivimos juntos todos como hermanos o pereceremos todos juntos como idiotas).