Guatemala no quería quedarse atrás en esta emergencia global de la gripe antes llamada porcina. Y, cómo no, un evento que ocupa las primeras planas de todos los periódicos del mundo, que alimenta la enfermiza paranoia de las personas, ¿cómo ser posible que no esté también en nuestro país? Pero ya, después de buscar pacientes con sospechas se logró que una persona tuviera al fin el bendito virus. Al menos de ese modo tendrán una excusa para utilizar las 12 mil dosis de TamiFlú adquiridas.
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Esta mañana el Ministro de Salud se adelantó a confirmar que el caso de la niña con una gripe sospechosa, en efecto, se trataba de la influenza H1N1, incluso antes que los datos enviados a Atlanta para su análisis retornaran al país. Pero ¿cuál era la necesidad de apresurar la presencia en el país de estos casos incluidos en esa emergencia sanitaria? ¿será una mera oportunidad para desviar la atención a los temas cuya incapacidad para resolverlos ahora se disuelve entre tapabocas?
Lo cierto del caso es que a partir de hoy estamos en alerta anaranjada, una semana después de que se haya desatado la paranoia global. Ahora ya comenzaremos a usar tapabocas y tendremos que sentir desconfianza de todo aquel que se nos acerque de forma sospechosa, más si tiene cara de griposo. No digamos si estornuda o tose. Y ya, nos llevo la chingada.
Yo creo que eso de las alertas es una estrategia mal empleada. Cada día mueren muchas personas por armas de fuego. Las cifras de maltrato por violencia doméstica son perturbadoras, no digamos las muertes por otras enfermedades contagiosas. Los crímenes son el pan diario en el país y para eso no hay alerta, no hay prevención y ni siquiera planes que dejen esa ingenua cantadita de «inteligencia igual a menos violencia». Ahí, que se jodan todos, pues las víctimas no son aquellas que viajan en aviones, menos las que cruzan fronteras.
El país tiene un caso de gripe H1N1, y estamos en alerta anaranjada. Salir del país es casi un pecado y mejor si no se le ocurre a alguien ser alérgico que correrá el riesgo de aislarse en algún centro de detención aduanero de mala muerte. En todo este meollo me gustaría saber qué pensarían las aves y los cerdos de esta forma de culparnos por nuestras desgracias sanitarias. Pero ni modo, habrá que conseguir un tapabocas para que nuestro sistema no se sienta abandonado de que su sociedad no les siga el jueguito. Si alguien tiene el correo de Saramago, por favor escríbanle para que nos brinde unos cuantos consejos.