Mientras más grande es una ciudad y más compleja su red vial, mayor es la necesidad de especialización en quienes tienen la responsabilidad de su manejo porque la forma en que se ven relacionados los puntos conflictivos obliga a la implementación de criterios técnicos. En Guatemala, desafortunadamente, ha crecido el número de agentes de la Policía Municipal de Tránsito, pero no se observa la existencia de criterios correctos para utilizar a esa fuerza en el ordenamiento vial.
Por el contrario, pareciera como si las autoridades municipales actúan con el criterio de que basta con enseñarles a soplar los pitos y tras ese entrenamiento básico envían a los agentes a hacerse cargo de cruceros conflictivos. Aun teniendo radiocomunicadores que les permitirían averiguar el efecto que está teniendo en cuadras a la redonda su forma de dar vía, los agentes se mantienen empecinados en llevarle la contraria a los semáforos y es curioso que existiendo en el Palacio Municipal una importante red de monitores que se alimentan con las numerosas cámaras instaladas en varios puntos de la ciudad, no se percaten del impacto que tiene tanta torpeza.
La verdad es que no es culpa de los agentes los embotellamientos que provocan porque, al fin y al cabo, evidentemente a ellos les enseñaron a pitar y gesticular con las manos. El criterio de cómo debieran de operar es el que requiere de conocimiento técnico y de supervisión, porque los pobres policías no atinan a darse cuenta de lo que ocurre más allá de su escasa visibilidad y por lo tanto nunca se enteran que a dos o tres cuadras de donde pitan desaforadamente hay congestionamientos enormes provocados porque ellos empujan más y más carros hacia vías que adelante tienen tapones naturales.
Existen ingenierías especializadas en tránsito y la Municipalidad debiera enviar a jóvenes profesionales a especializarse en ellas para que vengan a hacer aportes inteligentes en la solución de un problema que se está agudizando día a día. Cada vez es más complicado desplazarse por la ciudad de Guatemala como resultado no sólo de los problemas naturales de un tráfico intenso y desordenado, sino especialmente por la contribución que al caos y la anarquía significa la presencia de policías que soplan sin la menor noción de lo que están haciendo. Evidentemente alguien les dice que prolonguen el derecho de vía más allá de lo que normalmente otorgan los semáforos y con ello creen que están ayudando a los que circulan en determinado sentido, pero no se dan cuenta que una o dos cuadras adelante se embotellan porque no hay desfogue para tanto carro.
Vale la pena que los jefes y especialmente el Alcalde, circulen por las vías congestionadas a la hora del tráfico porque se darían cuenta del efecto de tanto empirismo.