Empáticamente mal dotado


El Diccionario de la Real Academia Española -DRAE- definí­a, hasta ayer, la palabra empatí­a como la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro, pero en un avance de su próxima edición, señala que es la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

Ramiro Mac Donald
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Los comunicólogos entendemos que la empatí­a es uno de los factores más relevantes de todo proceso de comunicación. Se distingue de una empatí­a personal y una empatí­a antropológica. La empatí­a personal es la capacidad que tiene algunos comunicadores, naturalmente efectivos, para ponerse en los zapatos de los demás, por lo que logran proyectar mensajes acertados y muy bien recibidos por los receptores. Estos son los comunicadores empáticos y es una habilidad que se puede desarrollar, técnicamente. Hay trucos para lograrlo, se llama aprender a hablar en público. Hay otros comunicadores poco empáticos y, pese a sus esfuerzos, «caen mal» por que no logran entrar en contacto con la audiencia y su comunicación es inefectiva, ya sea porque no saben utilizar los lenguajes adecuados para establece lo que llamamos sintoní­a o utilizan ejemplos irrelevantes o poco idóneos para ilustrar la exposición. Profesores de esos abundan. Polí­ticos carentes de esta valiosa herramienta, igual. Esa es gente que aburre, sin gracia, que no se da a entender… o que se confunden y vuelven a retomar el hilo varias veces en una misma conversación, personas con la que no logramos hacer «click». Seguramente usted conoce a más de algún de estos comediantes… y ya está pensando en ese «empáticamente mal dotado» al que tristemente le dimos tanto poder y que es un deplorable comunicador. Pero también es cierto que hay gente que es simpática, porque logra ser empática. Esto eso: gente que logra comunicarse con razonable sencillez, claridad y contundencia en sus palabras. Hay desde mensajeros, hasta llegar a los polí­ticos. Ese, ese es el personaje mediático que desde que abre la boca hasta que la cierra, combinado con gestos que adornan su discurso, capacidad de énfasis en algunas palabras, sí­ntesis de pocas ideas y lenguaje popular, le «cae bien» a todo el mundo. Usted sabe a quien me refiero, usted también se ha dado cuenta que ese personaje es un ejemplar locuaz, empáticamente capaz de convencer hasta las piedras. Muchas veces a uno le pasa: pese a que no está de acuerdo con lo que dice un polí­tico, le simpatiza la forma como plantea sus temas; le simpatiza su manera de decir, su forma de expresar, la capacidad creativa de hacer metáforas de la realidad cotidiana, sus interesantes giros verbales, su firmeza de palabra… aunque muchas veces no sea verdad, todo lo que pregona y lo que él mismo se atribuye. Porque los buenos polí­ticos, siempre andan en autobombo. Pero lo que sucede es que, como decimos en comunicación, la forma, la manera, la «gracia» cómo se plantean las cosas, a veces resultan más importantes que los contenidos de esas mismas temáticas. Lo que si es cierto, es que hay personalidades empáticamente mal dotadas, que aunque contraten los mejores asesores del mundo, no van a lograr mejorar, porque son unos necios y prefieren hacer caso al cónyuge, que a los consultores de imagen o Relaciones Públicas. ¿Es cierto o no? Los que los conocen, saben que hablo puras verdades. En cambio, hay otros que andan a la cacerí­a de cualquier desliz o pequeñez, para lanzar bombas lacrimógenas sobre los techos de los competidores, puesto que utilizan los temas más calientes del momento para hacer daño en la credibilidad. Estos son los polí­ticos que encuentran, a cómo de lugar, todos los dí­as, un espacio en los medios masivos en base a puros fuegos artificiales, pero que «encantan» a la masa. De esos, «de esos» lenguas de trapo, estamos hasta la coronilla… pero abundan como las hojas del chichicaste, en los caminos de nuestra sufrida Guatemala. Y hacen daño, porque donde pasan, resultan quemando. La empatí­a antropológica, señalan los expertos, es una habilidad que permite conocer perfectamente todas las variables que va a utilizar el receptor de la comunicación, porque si lo emisor no los puede pre-ver…. todos sus esfuerzos serán inútiles, ya que no habrá contacto. Muchos proyectos chocan por la incapacidad de saber quién es y cómo piensa el que será objeto de todo el esfuerzo comunicativo. Y eso es ser incapaz empáticamente, o porque el emisor está mal dotado para estas artes… mejor y se deberí­a dedicar a otra cosa menos complicada.