Esta semana, una delegación de los Emiratos que viajó a Bangladesh entregó un cheque de 1,43 millones de dólares al ministro bangladesí de Asuntos Internos, Tanjim Ahmed, para que sea dividido entre los 879 niños víctimas de ese abuso.
«Utilizar a los niños como jockey fue un incidente despreciable. Fomenta el descontento de la conciencia del mundo. Las cicatrices sanarán con esta compensación», indicó Ahmed.
Cada niño jockey recibirá entre mil y 10 mil dólares, añadió.
Miles de niños, algunos de apenas tres años de edad, fueron vendidos durante la década de 1990 a países árabes como los EAU y Arabia Saudita. Por su contextura pequeña se los valora en las competitivas carreras de camellos.
Sin embargo, los jockeys se caen con frecuencia de los animales y pueden resultar gravemente heridos si son pisoteados por los animales, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
«Este programa compensatorio será de gran ayuda para la rehabilitación, el tratamiento médico y la educación de aquellos niños afectados», sostuvo Ahmed.
Unos 200 niños bangladesíes fueron repatriados en 2005 cuando los EAU firmaron un acuerdo con la UNICEF prohibiendo esta práctica, aunque estas monarquías hayan prohibido en 1993 la utilización de niños como jockeys.
En octubre, los EAU anunciaron que darían 52.700 dólares a los niños bangladesíes identificados como jockeys de camellos, pero Ahmed destacó que tras una búsqueda a nivel nacional descubrieron centenares de niños con ese pasado.
Munna Mia, que trabajó en Dubai como jockey desde los cinco años hasta los nueve, aceptó la indemnización pero subrayó que aún sufre emocional y físicamente.
«Somos pobres. Este dinero es como ganar la lotería, pero no borrará el dolor y sufrimiento que atravesé», dijo por teléfono Mia a la AFP, que hoy tiene 17 años, desde le norte de Bangladesh.
La portavoz de UNICEF en Bangladesh, Christine Jaulmes, dijo que el dinero de los EAU es un paso importante para erradicar el trabajo de niños como jockeys en el Golfo.
«El gobierno de los EAU puede cumplir un papel clave frente a los otros países del Golfo para que actúen contra el trabajo de los niños como jockeys y contra otras formas de tráfico», indicó.
La pobreza y la falta de trabajos en Bangladesh, en donde 40% de la población vive con menos de un dólar diario, hace que millones emigren cada año para enviar dinero a sus familias desde el extranjero.
Los padres pobres son más vulnerables ya que, en su desesperación, se creen las falsas promesas de trabajo para sus niños que hacen los traficantes.