Conocí a Roxana Baldetti en el año 1988, cuando ella tenía 26 años de edad. Su sobria belleza agregábase plácidamente al amable tesoro de su vigorosa juventud. Su inteligencia buscaba ansiosa nuevas oportunidades de desarrollo. Y atributos esenciales de su personalidad eran un temperamento enérgico, un carácter perseverante, un alma con coraje y un espíritu triunfador.
Actualmente Roxana tiene 50 años. Su belleza, como si el tiempo le hubiera conferido un privilegio, se ha complacido en renovarse con nuevas versiones, que obligan a los años a retroceder derrotados. Su inteligencia ha logrado, con la adquisición de nuevos conocimientos y el ejercicio constante del pensamiento, un gratificante desarrollo. Y su enriquecida energía, su infatigada perseverancia, su renovado coraje y su renacido espíritu triunfador han encontrado en el ejercicio del poder vicepresidencial, una grandiosa oportunidad de servir a la patria.
Roxana fue cofundadora de Partido Patriota, diputada y miembro de la Junta Directiva del Congreso de la República; jefe del grupo de diputados de Partido Patriota, presidente de comisiones legislativas, y ponente de por lo menos quince proyectos de ley. También fue Secretaria General de Partido Patriota. Si, en una campaña electoral, el candidato vicepresidencial puede contribuir, por su personalidad generadora de votos, al triunfo del candidato presidencial, opino que Roxana contribuyó de manera notable a que el candidato Otto Pérez Molina triunfara con ventaja suficiente.
Creo que Roxana es, actualmente, una de las mujeres más importantes de Guatemala. Creo también que es la mujer más importante del gobierno del presidente Pérez Molina, no sólo porque es Vicepresidente de la República, sino porque ha demostrado que pretende desempeñar con eficacia las funciones gubernamentales que le competen. Conjeturo que su propósito no es meramente tener el poder vicepresidencial para exhibirlo con tanta arrogancia como inutilidad, sino ejercerlo con novedosa plenitud para procurar un mayor bien común. Merece elogio.
Una preocupación dominante de Roxana es la corrupción de la administración gubernamental; y se ha propuesto dirigir las acciones para combatirla. Creo que es el funcionario público más idóneo para dirigirlas. Lo es; pero no sólo porque ella es Vicepresidente de la República, sino porque también comprende que esa corrupción es uno de los más grandes problemas del país; y porque ha mostrado que tiene la intención de combatirla, y porque es competente para lograr tal finalidad. Merece elogio.
El éxito político que Roxana brinda es un motivo seductor para criticarla. El propósito de alguna crítica puede consistir en contribuir a que ella mejore su desempeño del poder vicepresidencial. Si esa crítica es válida, la sensatez recomendará atenderla; y si no lo es, recomendará disculparla. Empero, el propósito de alguna crítica puede consistir en detener el éxito presente de ella, y desear y hasta procurar, con toda la fuerza maléfica de la envidia o de la resentida ambición frustrada, su fracaso futuro. Si esa crítica es casualmente válida, la sensatez recomendará atenderla; y si no lo es, recomendará, no el desprecio, que todavía le concedería alguna importancia al crítico, sino la indiferencia, que no le concedería ninguna.
Post scriptum. Encuentro oportunidades excesivamente escasas para elogiar a un funcionario público. Roxana Baldetti me ha brindado una de ellas.