La mediación del presidente venezolano Hugo Chávez para un canje humanitario en Colombia estará en el tope de la agenda de su reunión con el mandatario ílvaro Uribe mañana, lo que da una novedosa proyección política a la relación bilateral.
En su anterior encuentro, celebrado el 31 de agosto en Hato Grande, a las afueras de Bogotá, Uribe pidió formalmente a Chávez que realizara gestiones para conseguir un canje humanitario de 45 rehenes en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas) por 500 guerrilleros presos.
A mes y medio de esa cita, los mandatarios se vuelven a reunir en La Guajira colombiana, y podrán abordar cara a cara el tema más difícil hasta ahora de esas gestiones: la posibilidad de una reunión entre Chávez y el máximo líder de las FARC, Manuel Marulanda, alias Tirofijo.
Chávez, quien reitera que el tema se le ha «metido en el corazón», ha llamado a Uribe a que coopere para concretar esa reunión.
«Creo que el gobierno de Colombia debe facilitar y no obstaculizar la reunión. Es uno de los temas que llevo en agenda para hablar con el presidente Uribe el 12 de octubre», dijo Chávez, quien incluso pidió un avión para que el jefe de las FARC, Manuel Marulanda Tirofijo, llegue hasta la línea fronteriza con Venezuela.
El vicepresidente colombiano, Francisco Santos, respondió que causa prevención en Colombia que alguien «que ha aterrorizado al campo, que ha asesinado a infinitos colombianos, que ha mandado a sembrar minas y que trafica con narcotráfico sea recibido con un cafecito».
Para Chávez, esta mediación es quizás la apuesta más alta que ha hecho en el terreno diplomático desde que llegó al poder en 1999.
El presidente venezolano cuenta con varios puntos a favor. La internacionalista Elsa Cardozo destaca como uno de ellos es el discurso revolucionario de Chávez y «su alcance en sectores radicales de América Latina, incluida la guerrilla colombiana, que crea una afinidad».
Pero también figura la buena relación con Uribe. Sobre ello, el ex ministro venezolano de la Defensa Orlando Maniglia (2005-2006) apunta que «Chávez y Uribe, a pesar de que no tengan políticamente el mismo pensamiento, son amigos, se entienden y se respetan».
«Tanto en Venezuela como en Colombia se entiende el problema de la paz. El presidente Chávez viene de la Fuerza Armada, trabajó en batallones en la frontera», refirió Maniglia a la AFP.
«El presidente sabe que lograr un marco de paz allí es conseguirlo en toda la región», agregó.
Cardozo indica que las gestiones de Chávez por el acuerdo humanitario le brindan «una plataforma de estadista que apuesta por la paz» y le «dan oxígeno internacional» en un momento en el que han disminuido su perfil las relaciones con los grandes países de la región, como Brasil y Argentina.
«Además, le da la oportunidad de sentarse de tú a tú con el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, y recibe el apoyo de la Comisión Europea», señaló Cardozo a la AFP.
Chávez y Sarkozy deben reunirse en París en noviembre, en un encuentro en el cual dominará el acuerdo humanitario por el cual se esfuerza Francia, que ha puesto un particular interés en la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, de nacionalidad colombiana y francesa, secuestrada desde 2002.
También Uribe tiene réditos que sacar de la mediación de Chávez, después del escándalo por los vínculos entre políticos de su partido y paramilitares.
«Le permite mostrarse como una persona dispuesta al canje, dentro de sus condiciones que son contrarias a desmilitarizar zonas o dar beligerancia a la guerrilla», explica Cardozo.
«Además, le permite preservar la relación con Venezuela en el mejor tono posible», añade la internacionalista, que evoca la importancia que Colombia concede a la relación comercial, que debe llegar a 5.000 millones de dólares este año, ampliamente favorable a Colombia.
Sin embargo, las dificultades derivan de las mismas virtudes que ofrece Chávez como mediador, especialmente la tendencia a utilizar la «diplomacia de micrófono, que en esta situación es contraproducente», indica.
El otro punto delicado es la forma en la que Chávez se refiere públicamente a la guerrilla colombiana.
«Cuando llama ’hermano’ a Marulanda genera mucho ruido y pone a Uribe en una situación muy incómoda, porque se trata de dos actores muy desiguales: de una parte el gobierno colombiano y de la otra un actor irregular no reconocido como beligerante», explica Cardozo.
La delimitación de aguas en el Golfo de Venezuela, durante décadas el tema más espinoso en la relación con Colombia, estará como telón de fondo en la reunión de mañananes entre los presidentes Hugo Chávez y ílvaro Uribe.
Aunque no figura en la agenda, en la anterior reunión de los dos presidentes el 31 de agosto en Hato Grande, a las afueras de Bogotá, Chávez dijo que la delimitación en el Golfo de Venezuela «debe resolverse ya».
Dos días más tarde, en su programa semanal de radio y TV «Aló, Presidente», Chávez sugirió el mes de diciembre como posible fecha para celebrar un referéndum que apruebe la delimitación de aguas en el Golfo.
El tema del Golfo de Venezuela casi desata una guerra con Colombia en 1987, cuando la corbeta colombiana Caldas penetró en aguas venezolanas.
En diferentes momentos se han presentado propuestas de solución: el proyecto del Tratado Michelena-Pombo (1833), las conversaciones de Roma (1970-1973) y la Hipótesis de Caraballeda (1980), sin que ninguna haya sido adoptada.
El Golfo de Venezuela tiene una superficie de 18.500 kms cuadrados, con una costa de 748 kilómetros, de los cuales 712 kms corresponden a territorio venezolano y 36 kms al colombiano.
En base a esos 36 kilómetros de costa, Colombia ha reivindicado la proyección de sus límites sobre las aguas del Golfo.
Según la prensa venezolana, que cita fuentes cercanas a la comisión negociadora, la nueva propuesta de delimitación dejaría a Venezuela 90% de las aguas del Golfo, mientras que a Colombia correspondería el otro 10%.