Elemental, mi querido Watson


No se necesita ser un aguzado crí­tico especializado en filosofí­a polí­tica o sociologí­a para darse cuenta de las causas de la pobreza en Guatemala. No es necesario tomar un curso en teorí­as del desarrollo o tener un máster en administración pública para enterarse que lo que sucede en el paí­s tarde o temprano nos conducirá al suicidio colectivo o al canibalismo social. Las cosas son claras. Es imposible alcanzar el desarrollo si no estamos dispuestos a pagar el precio, si continuamos escamoteando los impuestos, si nos robamos el Erario público, si los abogados no aplican ni respetan la Ley, si los policí­as piden mordidas, si los niños no van a las escuelas, si la gente pasa hambre, si los jóvenes no tienen trabajo y si los polí­ticos no cambian sus viejas mañas. Estando así­ las cosas, soñar con un futuro mejor es una ficción digna de la Guerra de las Galaxias.

Eduardo Blandón

Desde 1986, que fue el año de la esperanza, hemos caminado a pasos demasiado lentos. Los secuestros siguen como siempre, los robos a bancos y carros continúan y la impunidad es la reina del paí­s. Estamos fritos. Para colmo de males seguimos esperando milagros, lamentando la muerte de esos polí­ticos del pasado que «en realidad fueron buenos y que hoy tanta falta nos hacen»… Con esa melancolí­a paralizante no vamos a ninguna parte cuando lo que se necesita es que cada crisis nos permita avanzar.

Si sacáramos raja de cada crisis ya fuéramos sabios. Imagí­nese usted lo afinado que tuviéramos el sistema si hubiéramos aprovechado el aprendizaje dejado de ejemplo, los intentos golpistas en tiempos de Vinicio Cerezo, la venta loca de los bienes del Estado en el perí­odo de ílvaro Arzú, el atraco de campeonato de los gobiernos de Portillo y Berger; el saqueo de bancos como el de Comercio, del Café y del Ejército, y, finalmente, las sobras de las obras de OIM y el Congreso. Ya tuviéramos un paí­s de maravilla porque con cada error hubiera un correctivo definitivo.

Pero nada de esto ha sucedido. Al contrario, como Sí­sifo, cada vez que llevamos la piedra hasta su lugar se nos viene para abajo y estamos condenados a volver a comenzar. Entonces, como no aprendemos, no es raro que hoy, mañana y siempre haya banqueros que nos metan gol. Como somos tontos permitimos que los polí­ticos se lleven el dinero con la mayor tranquilidad. Como no queremos aprender, no podemos o no nos interesa, dejamos que el Ejército haga de las suyas cada vez que puede. Así­, no hay teorí­a del desarrollo que contribuya al «boom» económico y social del paí­s.

En realidad, no es totalmente cierto que el Congreso le haya puesto una raya más al tigre, somos nosotros los que hemos contribuido con nuestra actitud permisiva a que ellos sean los pintores estrellas del paí­s. Aquí­ las pérdidas las compartimos todos y la responsabilidad es de todos: periodistas, empresarios, ciudadanos de la calle, sindicalistas, maestros, etc. Debemos, por tanto, afinar nuestra capacidad de respuesta en cada crisis y nada mejor como organizarnos para responder grupalmente.

Es cierto lo que dicen algunos, quejarnos no sirve de nada. Es urgente organizarnos para, desde la fuerza que permite la unidad social, exigir cambios radicales al sistema que esta hí­per probado es decadente e inútil. Continuar de francotiradores no tiene provecho, nos desgastamos y permite auto engañarnos creyendo que es éste el camino para el cambio.

¿Verdad que no es necesario ir a la universidad para enterarse de todo esto? Es elemental mi querido Watson, ahora vayamos a la acción.